Momentos-Banner

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Superman - Capítulo 1

El juicio de Kryptón


“No es una fantasía. Ni el producto alocado de una imaginación descabellada”.

La luz del cristal verde en el cayado del báculo brilló, dando inicio al protocolo de transferencia de información.

“No mis buenos amigos. Las acusaciones que he formulado hoy, los cargos concretos que he dirigido a estos individuos, su traición, su último propósito de sedición… Estos no son más que hechos innegables”.

Mientras esperaba que la transmisión de datos a la Computadora central desde el cristal en su báculo se completara, Jor-El aprovechó para hacer una pausa dramática en su discurso de cierre a los doce miembros del Consejo. Ellos no estaban presentes en el Gran salón de este tribunal de Justicia, pero veían y escuchaban todo lo que ocurría, manifestando su presencia a través de enormes proyecciones holográficas de sus rostros. Jor-El, un reconocido científico y miembro activo del Consejo, vestía en esta oportunidad una túnica negra que lo identificaba como fiscal acusador, siendo el único color diferente en su ropaje el del escudo pentagonal de su familia, la Casa de El, bordado en colores claros sobre su pecho. Cuando la luz del cristal se opacó de nuevo, supo que las pruebas, testimonios y registros visuales que soportaban las acusaciones formaban ya parte del registro permanente de la Computadora central.

Se acercó entonces a los tres acusados, que esperaban de pie en el centro del salón, rodeados por un campo de fuerza invisible a los ojos pero muy efectivo, que evitaba que pudieran agredir a su acusador o intentar escapar. Aunque el campo de fuerza era lo suficientemente seguro para garantizar la seguridad de los Concejales y permitirles estar presentes para dar la cara a aquellos que estaban juzgando, los protocolos de seguridad obligaban al uso de los hologramas, especialmente desde el fatídico juicio al renegado científico Jax-Ur, acusado de causar la destrucción de la inhabitada luna de Wegthor. Cuando estaban dictando sentencia, éste consiguió burlar la integridad del campo y asesinó a siete de los Concejales de la época, una tragedia que las autoridades no se iban a permitir repetir. Cuando la ocasión lo ameritaba, también al fiscal acusador se le permitía hacer uso de dicha tecnología, pero Jor-El renunció a ese derecho por una sencilla razón: conocía a los acusados. Hace mucho tuvo el privilegio de considerar, al menos a dos de ellos, como amigos cercanos. Fueron muchas las dadivas que tuvo que conceder a algunos miembros del Consejo para conseguir oficiar como fiscal en su juicio, lo que le permitieron no sin antes advertirle que si percibían que era demasiado blando, le retirarían del cargo y no le permitirían participar siquiera como parte del jurado. Así las cosas, no le quedaba más que ocultar sus sentimientos y usar palabras cargadas de odio para expresarse de los acusados.

“Ahora les pido que dicten sentencia sobre los acusados”, requirió. “Sobre esta aberración, cuyos únicos medios de expresión son la violencia y la destrucción”.

Con su báculo, señaló al más grande y físicamente fuerte de los acusados. Non, un gigante de barbas, lo miró con la rabia de un hombre que sabía odiar pero que no podía recordar el por qué.

Esta era la segunda vez que Non comparecía ante el Consejo. Jor-El fue inhabilitado para participar la primera vez y se reprochaba a sí mismo porque quizás su ausencia facilitó que encontraran culpable a Non. Tampoco pudo participar del debate sobre la sentencia y por eso se culpó aún más. Antes de aquella condena, Non fue un hombre de ciencia, su intelecto y descubrimientos aportaron mucho a la comunidad y al igual que Jor-El, era considerado uno de los grandes genios del planeta. Luego de ejecutada la sentencia no quedó más que esta “aberración”, que solamente acertaba a comunicarse con gruñidos y que por razones misteriosas, obedecía ciegamente al responsable de que estuviera nuevamente en juicio.

“Que juzguen a la mujer Ursa, cuyas perversiones y odio a la humanidad y los hombres en particular, han llegado a amenazar incluso a los niños del planeta Kriptón”.

Ursa sonrió al escuchar resumida en tan pocas palabras todas sus acciones pasadas, lamentando no poder saltar sobre su acusador y fracturarle el cuello. ¡Cuánto lo habría disfrutado!

Jor-El no conocía personalmente a Ursa sino que lo hizo a través de los reportes que leyó preparándose para el juicio y que mostraban a una mujer forjada a mano dura, que escaló rangos por méritos propios en las Fuerzas militares hasta convertirse en la mano derecha de su General. Sin embargo, las características violentas de su personalidad salieron a la luz cuando estalló el levantamiento. En medio de la batalla actuó con extrema violencia y sevicia contra aquellos que una vez había jurado proteger. Cientos de civiles, así como también militares que otrora fueran sus compañeros y que se opusieron a su causa, murieron ya fuera por órdenes suyas o por su propia mano. No, en lo que respecta a Ursa, Jor-El no sentía la misma compasión que por los otros dos acusados. Mucho menos en su situación actual, con un hijo recién nacido, cuando descubrió una sensibilidad particular al observar las imágenes de esa mujer masacrando a un grupo de infantes que buscaban alejarse del fragor de la batalla.

“Finalmente”, dijo Jor-El parándose frente al último de los acusados, “juzguen al General Zod, en quien confiaba este Consejo. Encargado de la defensa de nuestro planeta Kriptón, principal arquitecto de esta revolución frustrada. Autor de este insidioso complot destinado a establecer un nuevo Orden entre nosotros y nombrarse a sí mismo como absoluto soberano”.

El último de los acusados era un hombre de porte arrogante, que denotaba con su lenguaje corporal que nunca se doblegaría o arrodillaría ante ningún otro, porque todos eran inferiores a él. Muy dentro suyo, alguna vez pensó diferente respecto al hombre frente a él, pero eso cambió cuando éste rehusó unirse a su causa. Siendo General de las Fuerzas militares de Kriptón, fue respetado y admirado como uno de los hombres más poderosos del planeta. Eso cambió cuando Non fue lobotomizado por órdenes del Consejo, acusado de causar pánico cuando en realidad, lo que aquel científico buscaba era de alertar al pueblo de Kriptón sobre el destino que les esperaba, un destino sombrío que él y Jor-El habían descubierto durante una investigación reciente. Zod decidió que la única manera de salvar a sus semejantes era derrocar al Consejo y para lograrlo, no tuvo otro camino que sublevarse y autonombrarse dictador. Lamentablemente, eran más los no creyentes y su reinado terminó rápidamente. Fue sometido, encarcelado y ahora, llevado a juicio, juzgado por el hombre que una vez considerara su igual.

“Ya han oído todos los testimonios. Oigamos ahora la decisión del Consejo”, concluyó Jor-El, cediendo la palabra a los doce miembros del Consejo, jueces y jurado de este juicio.

“¡Culpables!”, exclamó Tre-Hod, el más antiguo de los Concejales. Luego de eso, su imagen holográfica desapareció de la sala. Ya su trabajo había concluido.

“¡Culpables!”, repitió Har-Dre y también su imagen holográfica desapareció.

“¡Culpables!”, repitieron uno tras otro hasta dejar a Jor-El y los acusados solos en la sala de juicios.

Un silencio inquieto reinó en el Gran salón. La enormidad del recinto quedó latente sin la presencia de los hologramas. Solo restaba un voto por pronunciar y Jor-El no estaba muy seguro de cómo proceder. Por una parte se sentía indirectamente responsable. Quizás si hubiera apoyado con mayor firmeza a Non otro habría sido su desenlace, pero también podría haber corrido su misma suerte y su hijo se habría quedado sin oportunidad alguna de sobrevivir. Podría haber apoyado a Zod y su revuelta, pero no habría podido perdonarse el mancharse con tanta sangre inocente, ¿qué clase de legado habría dejado a su hijo? Y, ¿si los dejara en libertad?

Antes del juicio, Jor-El y los otros miembros del Consejo debatieron sobre la posibilidad de aplicar la pena de muerte, a lo que se opuso férreamente por considerarlo un acto de poca humanidad que los rebajaba al mismo nivel de barbarie que habían dejado atrás luego de casi diez mil años de historia, no en balde era una práctica abandonada por la Justicia de Kriptón desde hace cientos de años. Sin embargo, los crueles actos cometidos por Zod y sus acólitos habían convencido al Consejo de la imperiosa necesidad de retomarla y al no ponerse de acuerdo sobre el tema, optaron por dejar tal decisión en manos del fiscal designado. Ya sin opciones, Jor-El se vio forzado a postularse al cargo para garantizar primero un juicio justo y segundo, para asegurarse que no fuera aplicada la pena capital. Estaba convencido que tal suerte convertiría a Zod en un mártir de su causa y eso podría ser tanto o más peligroso que dejarle libre para intentarlo de nuevo. El castigo tradicionalmente aplicado en estos casos era tanto o más criticado que la muerte misma, pero lo consideraba mucho más piadoso y cuando menos, les daría la oportunidad a que en un futuro pudieran rectificar.

“El voto debe ser unánime, Jor-El”, dijo Zod desafiante. “Todo depende de tu decisión. Solo tú nos condenarás si así los deseas y solamente tú serás responsable de nuestro destino”.

“Todas esas muertes… ¿valió la pena?”, preguntó Jor-El.

Zod estaba convencido que su actuar había sido el correcto, pero fue su lugarteniente quien respondió primero.

“Cuida tus palabras, traidor. Cuando te diriges al General Zod, debes rendir la apropiada pleitesía”.

Zod respiró profundo, en ocasiones no soportaba la sobreprotección de Ursa.

“Este Consejo lleno de ancianos temerosos está ciego, Jor-El. Calificaron como herejía el descubrimiento que tú y Non hicieron, prohibieron compartirlo con el resto de Kriptón y cierran los ojos a la verdad como si con eso pudieran lograr que desaparezca. Tienen miedo de perder el poder que hoy ostentan y sus mentes obtusas prefieren ver al planeta destruido antes que salvarlos a todos”.

“Y tú ibas a salvarnos, ¿convirtiéndote en dictador, masacrando a los mismos que dices proteger?”.

“Toda guerra tiene víctimas y no te confundas, estamos en guerra”. Zod suavizó el tono de voz. “Todavía podemos ganar, Jor-El. Soy el único que puede salvarnos y si debo convertirme en soberano de Krypton para lograrlo, que así sea. Déjanos en libertad y te lo demostraré”.

Jor-El estaba decepcionado. El delirio de poder y omnipotencia del que fuera su amigo lo cegaba tanto o más que a aquellos miembros del Consejo que tanto despreciaba. Desafortunadamente, no existía la menor posibilidad que dejara en libertad al megalomaniaco en que se había convertido. Ahora estaba convencido que de hacerlo, sometería al planeta a una guerra que acabaría con toda esperanza y que triste canción de despedida sería esa para la raza de Kriptón. Muy a su pesar, encendió el cristal verde de su báculo y transmitió al Consejo su decisión final. La expresión de determinación en su rostro le dio a entender al General Zod y a los otros, que la votación efectivamente era unánime y que la ejecución de su condena estaba en marcha.

“¡Únete a nosotros!”, vociferó el General, más como una orden que como la súplica de un hombre condenado. “No sería la primera vez que estuvieras en desacuerdo con el Consejo. La tuya puede ser una voz importante en el nuevo Orden, después de la mía”.

Dándoles la espalda y sosteniendo el báculo con sus dos manos, Jor-El se alejó de los condenados, caminando hacia el tablero de mando que lentamente emergía del piso del Gran salón. Ubicó el báculo en el receptor habilitado para ello y al contacto, hubo un nuevo intercambio de datos entre el cristal de Jor-El y la Computadora central, identificando al solicitante y procesando las instrucciones previamente almacenadas allí. Uno de los varios cristales dispuestos en el tablero de mando alumbró, esperando la confirmación manual para proceder con la ejecución de la sentencia.

“¡Te ofrezco la oportunidad de ser grande Jor-El!”, continuó gritando Zod, esperanzado en conseguir revocar el veredicto. “¡Tómala! ¡Únete a nosotros!”.

Jor-El no respondió. Tomó el cristal iluminado y lo ubicó en el receptáculo adecuado. Miró por última vez a los tres acusados y en un acto poco característico de un hombre de ciencia como él, murmuró una breve plegaria: “Que Rao se apiade de ustedes”.

“¡Te arrodillarás ante mí, Jor-El!”, amenazó inútilmente Zod. El mismo había enviado a muchos criminales al exilio donde ahora le enviaban y sabía que las posibilidades de poder escapar eran mínimas. Pero si alguien pudiera lograrlo, si alguien tenía la fuerza de voluntad para regresar, ese sería él. Mucho más ahora que tenía una motivación extra para lograrlo, una venganza que cobrar con sus propias manos. “¡Aunque me lleve una eternidad, volveré! ¡Te arrodillarás ante mí! ¡Tú y algún día... tus hijos!”

La cúpula que cubría la sala de juicios se abrió lentamente, dejando ver el cielo de esa noche llena de estrellas. En el otro extremo de la sala, un proyector emergió también del piso. Cálculos muy precisos fueron trazados por la Computadora central para determinar la frecuencia exacta requerida para interceptar la siguiente brecha interdimensional, de entre las muchas que constantemente se abrían y cerraban por todo el Universo. En lo que dura un pálpito, el proyector emitió un haz de luz que redujo a los condenados a sus átomos componentes y los catapultó a través del cielo abierto hasta ese punto, alejándolos de este universo de materia en el que habitaban, desterrándolos a una condena de cuarenta años en el exilio, reduciéndolos a simples fantasmas en una dimensión pronto olvidada.

Estaba hecho, el juicio había terminado. Jor-El recuperó su báculo y abandonó la sala antes que la cúpula se cerrara de nuevo. En el lugar quedó el eco de las voces apagadas de tres acusados, que clamaron perdón cuando ya era demasiado tarde para que nadie los pudiera escuchar.

Continuará...

lunes, 16 de octubre de 2017

Superman, la película novelizada

En junio de 1938, Jerry Siegel y Joe Shuster vieron por fin publicada en una revista impresa de comics, la que sería su más reconocida creación: Superman. 40 años después, en 1978, Richard Donner dirigió al recién descubierto Christopher Reeve en la que es aún hoy día considerada la mejor versión en cine del Hombre de Acero. Curiosamente, debido a las muchas complicaciones legales que se presentaron con los productores de la película, a la fecha no existe una adaptación "oficial" de esta película en cómic como tampoco en libro.

El próximo año (2018) se celebrarán los 80 años de la aparición de este icono de la historieta y los 40 años de la película de Donner. Para aportar mi "granito de arena" a esta celebración y de paso estirar un poco ese músculo de escritor que he dejado dormir durante ya demasiado tiempo, publicaré en este blog mi versión novelizada de la película, adaptada y complementada pero procurando mantener siempre la esencia de la misma. Como tal, se tratará de un producto propio y personal, sin ninguna asociación directa o indirecta con DC Comics o Warner Bros. (propietarios de los derechos de explotación de este personaje, que aunque forma parte de la cultura popular no es de dominio público) e inspirado en el trabajo que otros escritores realizaron y que merecen todo el crédito:

Mario Puzo
David Newman
Leslie Newman
Robert Benton
Tom Mankiewicz

Retomando el modelo de publicaciones anteriores en este blog, cada miércoles estará en línea un nuevo capítulo. Espero que esta versión sea del agrado de ustedes los lectores, porque estoy seguro que yo disfrutaré escribiéndola.

Imagen tomada de Google

sábado, 29 de octubre de 2016

Editorial - Grandes Momentos... el libro

En septiembre pasado recibí los primeros libros formalmente impresos, ¡y que gran momento fue ese!


Sé que estamos en la era digital y todo eso, pero para un escritor aficionado del siglo pasado como yo, esto de tener tu obra impresa y poder pasar las hojas de papel mientras devoras las historias allí consignadas, tiene un significado especial. Es así como este sueño finalmente se ha materializado y con ayuda de mi esposa, puedo poner a disposición de todos esta primera obra:

Grandes Momentos de instantes cotidianos

La frustración de un encuentro fallido.La pérdida de un ser amado. La tentación de una infidelidad. Los miedos de infancia que reviven...
Todos momentos por los que cualquiera de nosotros o alguien que conocemos puede atravesar. Momentos seguramente irrelevantes para el resto pero grandes para quien los vive.
Todos ellos, grandes momentos de instantes cotidianos.

Consulta este enlace para aprender cómo comprar en autoreseditores.com y luego...


Esta recopilación inicialmente presentada en el 2010 para el X concurso nacional de Novela y Cuento de la Cámara de Comercio de Medellín consta de historias cortas que había escrito durante los años anteriores. En el 2012, con el deseo de dar a conocer estas historias al mundo, las publiqué en este blog y unos años después, en Febrero de 2014 las retiré (todas menos una de ellas) con la ilusión de llevarlas al papel y convertirlas en un libro impreso. Me tomó tiempo revisarlas, corregirlas y llegar a ese acuerdo tácito entre autor y obra, donde aceptas que hiciste un buen trabajo y renuncias al impulso de seguir corrigiendo aquí y allá, para finalmente dar ese anhelado paso.

Espero disfruten de la lectura de estas historias tanto o incluso más de lo que yo pude disfrutar escribiéndolas. Y para que puedan hacerse a una idea de lo que encontrarán en el libro, aquí les dejo el enlace a una versión previa de una de las historias allí incluidas, publicada en este mismo blog hace ya algún tiempo:

El 58

Por supuesto, sus comentarios siempre serán bienvenidos, así que no se los guarden y compártanlos conmigo. ¡Hasta una próxima!

sábado, 22 de octubre de 2016

Editorial - Mi experiencia con el ISBN y el Depósito Legal

Este año por fin me decidí a publicar mi primer libro, o mejor dicho, autopublicar mi primer libro. En este proceso de autopublicar un libro en Colombia, lo más sencillo resultó ser la selección de la editorial. Luego vinieron las vueltas de orden legal a realizar para que el libro quedara debidamente registrado: Solicitar el ISBN y realizar el Depósito legal.

¿Qué es el ISBN? Bueno, según lo define la Cámara Colombiana del Libro en su página web:

El International Standard Book Number (ISBN) es un sistema internacional de numeración para publicaciones “tipo-libro” certificado por normas ISO que identifica cada título, impreso y/o digital, de acuerdo con su procedencia (región, país o área idiomática) y número del editor.

El ISBN se realiza precisamente ante la Cámara Colombiana del Libro y es un proceso relativamente simple, que requiere se tengan definidos los aspectos físicos del libro a publicar, especialmente el número de páginas. Este registro requiere de un pago, de acuerdo a la cantidad y tipo de libros para los que se necesita el ISBN. Tanto el registro de la obra como el pago, pueden realizarse en línea en la página de la Cámara. La respuesta con el número(s) asignado toma unos 3 días hábiles y con esto aseguramos el beneficio adicional de un descuento en impuestos.

En cuanto al Depósito legal, este se define (según definición de la Universidad Nacional) como:

El acto de entregar un ejemplar a diversas entidades del Estado de las obras impresas y electrónicas producidas en el país (...) que permite la adquisición, el registro, la preservación y la disponibilidad del patrimonio bibliográfico y documental e incrementa y asegura el acceso público al legado cultural de la nación en todos sus formatos.

Aunque existe información sobre lo que se requiere, no se encuentra el procedimiento formal a seguir para cumplir con esta norma y ahora que ya por fin pude realizarlo, voy a compartir con ustedes el proceso como orientación para cualquiera que esté en esta misma situación:

  1. Imprimir varias copias del libro (al menos 4), incluyendo el ISBN y el aviso "Realizado el depósito legal", aunque realmente apenas iba a realizarlo.
  2. La entrega de los libros va acompada de una carta donde se indican el título, ISBN, autor y los datos de contacto. La Biblioteca Nacional tiene publicado el formato de la carta entrega de depósito legal y fue el que usé como modelo para las otras entidades.
  3. Se entregan 2 ejemplares en Biblioteca Nacional de Colombia.
    • Dirección: Calle 24 5-60 Bogotá
    • Teléfonos: (1) 381 6464 / (1) 381 6449
    • Correo: bnc@bibliotecanacional.gov.co
    • Horario: Lunes a viernes 8 am - 6 pm, Sábados 9 am - 4 pm
    • Página web: www.bibliotecanacional.gov.co
  4. Se entrega 1 ejemplar en la Biblioteca del Congreso.
    • Dirección: Casa de la Candelaria, Carrera 6a No 8 - 94 Bogotá
    • Telefono: (1) 382 4450
    • Correo: biblioteca@senado.gov.co
    • Horarios: Lunes a viernes de 8:30 am - 12:30 pm y de 2 pm - 5 pm
    • Página Web: 200.75.42.202/biblioteca/index.html
  5. Se entrega 1 ejemplar en la Hemeroteca Nacional (cabe anotar que toda la literatura disponible indica que se entrega en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Colombia pero es realmente en la Hemeroteca donde debe realizarse la respectiva consignación del libro).
    • Dirección: Av Dorado 44A - 40 Bogotá
    • Teléfono: (1) 316 5000 Ext. 20091
    • Horario: Lunes a viernes de 7 am - 4 pm
  6. para obras editadas fuera de Cundinamarca, se debe entregar adicionalmente 1 ejemplar en la respectiva biblioteca departamental.

Y listo.

El certificado de que se realizó el depósito toma desde 2 semanas hasta 3 meses (Hemeroteca) y debe solicitarse por la página Web de cada entidad.

Al final no resulta un proceso tan complicado o intimidante, pero la primera vez asusta un poco, al menos en mi caso.
Ahora sólo queda dar a conocer el libro y la forma de adquirirlo, pero eso será en una próxima entrega.

¡Estén sintonizados!

Imágenes cortesía de:
https://en.wikipedia.org/wiki/National_Library_of_Colombia
https://www.civico.com/lugar/biblioteca-del-congreso-bogota/fotos
http://www.worldtravelserver.com/travel/es/colombia/airport_hospital_de_engativa_heliport/photo_81779438-hemeroteca-nacional-carlos-lleras-restrepo.html

jueves, 31 de diciembre de 2015

Estrellas en Colisión - Guía de lectura

¡Los Universos de Star Wars y Star Trek colisionan en una aventura que se desarrolla a la velocidad de la Luz!

Fotomontaje de David E. Duarte (1996)

Presentación
  1. El destructor de Estrellas
  2. El sobreviviente de Yavin
  3. Confrontación en órbita
  4. Universos en colisión
  5. El visitante de otra galaxia
  6. En las garras del Imperio
  7. No es el Corelliano que buscaban
  8. Un día de suerte
  9. El juego del ratón
  10. El final está cerca
  11. Cazador y presa
  12. Emboscada
  13. Atando cabos sueltos
  14. Epilogo

Star Trek es una marca registrada de Paramount Pictures. Star Wars es una marca registrada de Lucasfilm Ltd. Todos los personajes y referencias (con excepción de aquellos creados especificamente para esta historia) son propiedad de Paramount Pictures y Lucasfilm Ltd. respectivamente. Ni el autor ni esta obra tienen relación alguna directa o indirecta con Paramount Pictures ni Lucasfilm Ltd. Esta obra se realiza con carácter de fan-fiction, sin ánimo de lucro. Aunque algunos de los eventos están inspirados en las series de televisión, video juegos y películas, esta historia en sí es un producto original que espero disfruten.

Estrellas en Colisión - Epilogo



Concluyó así ese extraño viaje a lo que podríamos llamar otro Universo. Tiempo después, cuando la Federación hubo establecido la paz con el pueblo Klingon, supe que ellos encontraron los restos de la nave que trajo a Kemra a nuestro Universo y que adaptaron sus hiperimpulsores en una de sus Aves de presa. De dicha nave no volvió a tenerse noticias y los Klingon creen que simplemente se destruyó al alcanzar una velocidad por encima del límite, razón por la que abandonaron su investigación. Nosotros sabemos que la nave sobrevivió, pero quizás nunca sepamos qué pasó con su tripulación. ¿Será posible que todavía sean prisioneros del Imperio? Quizás nunca lo sepamos con certeza, aunque he escuchado rumores no confirmados, de que luego de conocer sobre nuestra odisea, los Klingon podrían estar preparando una misión de rescate. ¿Será posible?

Como sea, a la fecha, nadie ha reportado tener una experiencia como la nuestra. Debo confesar, que luego de mis muchos años de viajes por este Universo, fue aquella la primera vez que realmente sentí que habíamos llegado adonde ningún ser humano ha estado antes.

¡Y cuán satisfecho me hace sentir eso!

(Tomado de las Crónicas de los viajes de James T. Kirk, publicado de forma póstuma luego de su misteriosa desaparición en el Nexus en 2294, durante el viaje inaugural de una nueva USS Enterprise).

* * *

A bordo del Superdestructor Executor, Darth Vader reflexiona. Sus pensamientos no tienen nada que ver con la destrucción del Terror durante un reciente Asalto Rebelde, en el que también se perdió el Centro de Investigaciones Imperiales en Imraad Alpha. Nada más ajeno a sus pensamientos que estos a los que consideraba, daños colaterales sin importancia. Lo que realmente le importaba, era la revelación que sustrajo de los recuerdos de Kemra sobre Luke, su hijo. Cuando compartió este hallazgo con el Emperador, consiguió el visto bueno que necesitaba para buscarlo por toda la Galaxia, usando los recursos que fueran necesarios. Otro se hubiera preocupado por ese repentino interés del Emperador en el linaje de los Skywalker, pero le resultaba sin cuidado los planes que el Emperador tuviera. Él tenía los suyos propios. Primero, se encargaría de esa víbora de Xizor y su agenda secreta, y luego…

”Cuando te encuentre, Luke, podremos derrocar al Emperador y regir juntos la Galaxia, ¡como padre e hijo!"

* * *

En Coruscant, el planeta que otrora fuera la sede de la Republica y que hoy es reconocido como la Capital del Imperio, el Emperador Palpatine desciende a las entrañas de un laboratorio secreto, donde personalmente supervisa las investigaciones allí realizadas. En una de las salas de investigación, un grupo de científicos ha realizado un hallazgo sorprendente. Después de mucho intentar, han conseguido reactivar la memoria protegida de un antiguo androide de protocolo, del que sólo conservan la cabeza y al que han podido identificar como D474.

“Interesante”, masculla Palpatine mientras observa e interpreta la información proyectada en la pantalla frente a él. “Si esto es cierto, existe todo un Universo allá afuera esperando. Si he de llevar orden y paz a esos mundos, necesitaré que el hijo de Anakin Skywalker se una al lado oscuro de la Fuerza, después de todo”.

« Anterior

Estrellas en Colisión - Capítulo 13

Atando cabos sueltos



La USS Enterprise entró al hiperespacio siguiendo la ruta previamente programada por Kemra en las computadoras de navegación. Igual que ocurriera durante el viaje de ida, los campos magnéticos resultantes amenazaron con desestabilizar el reactor, sólo que esta vez Scotty estaba preparado y rápidamente controló la situación, liberando de golpe la energía residual para conseguir el impulso necesario para ir más allá de los límites pre-establecidos. Los escudos deflectores estaban esforzándose al máximo para mantener la nave intacta.

“Aguanta, belleza, por favor”, pensó nuevamente Kirk, tendido en una de las camas de la enfermería.

Finalmente el impulso fue cediendo y la Enterprise comenzó a detenerse. Sin esperar por el permiso del doctor McCoy, Kirk abandonó la enfermería y fue directamente al puente de mando, donde reanudó sus labores como Capitán.

“Reporte nuestra posición, señor Chekov”, solicitó Kirk.

El teniente consultó sus instrumentos y comparó notas con Sulu antes de responder.

“Estamos cerca de la estación espacial Brasilia. Capitán, ¡regresamos!”.

Hubo manifestaciones de júbilo en el puente. Incluso Spock, que se mantenía siempre calmado, celebraba a su modo particular el regreso y aceptaba de buena gana el abrazo de Uhura. Kirk sonrió, era bueno estar de vuelta, lejos de aquel Imperio.

De pronto, la Enterprise se estremeció violentamente y varias de las luces de varias de las consolas en el puente comenzaron a titilar, como luces de Navidad. Algo había explotado, pero no era claro si había ocurrido adentro o afuera de la nave. Quizás ambas. ¿Habían sido impactados por algún torpedo? O ¿acaso las máquinas habían reventado por cuenta de la presión del viaje?

“Spock, ¿qué acaba de ocurrir?”, preguntó preocupado.

“Perdemos potencia rápidamente, Capitán. Aparentemente tuvimos una explosión en la sala de máquinas, pero no puedo determinar la causa. No consigo obtener respuesta alguna de Scott”.

Kirk abandonó el puente de mando y subió al ascensor. Se desplazó luego por la cubierta de acceso a la sala de máquinas y al llegar, el caos que encontró confirmaba el reporte de explosión. Algunos técnicos con heridas leves eran llevados por sus compañeros a la enfermería, mientras otros contenían pequeños focos de incendios. Al fondo, en el lugar donde el reactor debía estar, encontró los restos humeantes de los instrumentos usados para controlar los impulsores y un gran vacío detrás de ellos. El reactor no estaba, había sido expulsado de la nave. Sentado frente a aquel vacío, estaba el ingeniero en Jefe Montgomery Scott, que contemplaba el escenario con la mirada perdida, confundido.

“Scotty... ¿qué ha ocurrido?”, le preguntó Kirk, inclinándose junto a él.

“Capitán, yo… Es algo que tenía que hacer en cuanto regresamos a nuestro Universo. La tecnología de estos motores no era segura, no estábamos listos… o eso creía. Ahora, no lo sé…”

“Scotty, ¿qué pasó con el reactor modificado?”, preguntó de nuevo Kirk, desconcertado.

“Yo… Creo que lo destruí”.

* * *

Los técnicos imperiales que consiguieron estabilizar el reactor del Avenger sin duda merecen una condecoración por la labor desempeñada. Su logro no fue una tarea fácil en las condiciones en que trabajaron, cualquier reconocimiento sería poco. Desafortunadamente, una cosa era estabilizar el núcleo del reactor para evitar que se convirtiera en una nova miniatura y otra muy diferente, conseguir que de nuevo operara normalmente, de forma que muchos de los sistemas de sustentación del Destructor comenzaron a fallar. Sin los medios para sostenerse por si mismo, el Avenger comenzó un rápido descenso hacia el planeta Imraad, atraído por su gravedad.

Con una dificil maniobra debido a los daños recibidos, el Superdestructor Terror activó su rayo tractor y atrapó con él la estructura del Destructor Avenger, evitando lo que parecía ser una muerte segura para los 1000 de los poco más de 1500 tripulantes entre operadores, técnicos, androides, pilotos y soldados que todavía no habían podido evacuar la nave.

Unas horas después, cuando la situación estuvo bajo control y las máquinas del Avenger fueron reparadas en su totalidad, Darth Vader tuvo una rápida plática con Needa.

“Usted me ha fallado, Capitán”, le dijo. “La tecnología en teletransportación de esa nave habría significado una gran adquisición para el Imperio. Por otra parte, sus hombres en Imraad no pudieron evitar el sabotaje a la estación y eso podría poner en peligro la investigación que allí se adelantaba”. Needa tragó saliva mientras mantenía su cabeza en alto y sus ojos fijos en la oscura máscara de Darth Vader. Temía lo peor. “Agradezca que fue precisamente usted quien me encontró y que gracias a su oportuna gestión, pude curar mis heridas, de lo contrario…”. Hizo una pausa dramática que Needa supo comprender perfectamente y que agradeció con una reverencia. “Esta es una carta que sólo podrá jugar una vez, Capitán Needa. No me falle de nuevo”.

Con esto, Vader dio por terminada la conferencia y se retiró. Desde el puente de mando del Avenger, Needa observó el TIE de Vader dirigirse hacia el Superdestructor y dió un respiro de tranquilidad. Había sobrevivido al juicio del señor del Sith y estaba feliz por eso. Tanto, que cuando su nuevo primer Oficial se acercó, todavía estaba sonriendo.

“Reporte del escuadrón que perseguía a la nave Corelliana que escapó de la base en Imraad, Capitán”, dijo el primer Oficial luego de saludar. “Los TIEs le dieron cacería y la abordaron cerca al planeta Dreighton. Su piloto opuso resistencia y murió en el enfrentamiento”.

“Lo importante era que la información que ese contrabandista Corelliano llevaba consigo no llegara a la Alianza Rebelde”, comentó Needa, conservando todavía su recién adquirido buen humor. “¿Algo más?”

“Si señor”, respondió prontamente el primer Oficial. “Durante el viaje de regreso, los caza se toparon con una escuadra de alas-X rebeldes que patrullaban la zona. Los TIEs iban equipados con la nueva tecnología furtiva que adaptamos de la nave alienígena que fue robada de la base y la probaron con éxito en combate. Esos rebeldes no tuvieron oportunidad alguna, señor”.

“¡Excelente! Así que no todo fue un fracaso”, dijo Needa. “Parece que estos TIEs Fantasma todavía pueden ser el arma definitiva del Imperio en contra de la Alianza Rebelde”.

Ya el primer Oficial se retiraba, cuando Needa recordó algo y le detuvo.

“¿Qué fue de los restos del androide de protocolo que acompañaba a los prisioneros?”, preguntó.

“Sus restos fueron enviados a Coruscant por solicitud de Lord Vader, señor”.

* * *

Kirk se detuvo fuera de uno de los cuartos de reposo de la estación Prometeo II. Anunció su presencia y procedió a ingresar al cuarto en cuanto recibió aprobación. Adentro, una enfermera terminaba algunos exámenes médicos de control al teniente Scott. Cuando la enfermera se hubo retirado, Kirk se acercó.

“Scotty, ¿por qué borraste de las computadoras los diseños de Kemra y destruiste el reactor?”, preguntó.

Scotty bajó su mirada apenado. Había tenido dudas respecto al porqué de su comportamiento, pero durante la convalecencia, esas dudas poco a poco fueron resolviéndose conforme sus recuerdos se tornaban más claros.

“Estoy casi seguro que fue cosa de Kemra, Capitán. De alguna forma uso esa técnica Jedi para hacerme pensar que lo mejor para todos era destruir su investigación. Yo me siento muy apenado por esto, Capitán".

“Entiendo. Yo fui testigo de primera mano de lo que Kemra era capaz de hacer”. Kirk le dio unas palmadas en el hombro y se despidió. “Descansa, Scotty. Me aseguraré que la Federación no te levante cargos por esto”.

Al salir, Kirk aceptó de mala gana que quizás Kemra obró de forma acertada. Históricamente, la humanidad había usado todo invento científico para fines poco o nada altruistas y aunque las cosas habían cambiado un poco en el último siglo, los viejos hábitos son difíciles de erradicar, así que para qué arriesgarse.

“Donde quiera que estés ahora, Kemra… que la Fuerza te acompañe”, suspiró.

« Anterior Continuará...