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miércoles, 21 de enero de 2015

Estrellas en colisión - Capítulo 2

El sobreviviente de Yavin



Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana...

Al menos eso le parecía al Capitán del descomunal Destructor Estelar clase Imperial Avenger, que flotaba tranquilamente en la órbita del planeta Imraad Alpha. Habían sido enviados aquí, a este desolado sector de la galaxia, para servir de apoyo a la División Científica del Imperio comandada por el Gran Almirante Sarn. La DCI se había instalado en el planeta para desarrollar una nueva arma a usar en contra de los molestos grupos rebeldes, envalentonados luego de su victoria en la batalla de Yavin y ahora supuestamente agrupados en lo que autodenominaban una “Alianza Rebelde”. La promesa de Sarn era simple: proveer un arma que ocupe el vacío dejado por la estación espacial de combate conocida como la Estrella de la Muerte, destruida en Yavin.

“¡Bah! Qué pérdida de tiempo”, dijo para sí Lorth Needa, mientras contemplaba el primitivo planeta a través de una de las ventanas del puente de mando. “Mi Destructor y yo deberíamos estar con el resto de la flota aplastando a la basura rebelde y no aquí, en este apestoso rincón de la galaxia. ¡Ah! Pero otra sería la historia si junto con la Estrella de la Muerte no hubiéramos perdido también a Lord Vader. Esa es la verdadera tragedia de la batalla de Yavin”.

Lord Darth Vader, señor del Sith, fue la figura más temida y respetada en toda la galaxia, después del Emperador. En los últimos días de la Republica, Vader fue un poderoso guerrero de una antigua Orden, los Caballeros Jedi, conocidos precisamente como los “defensores de la Republica”. Pero fueron los Jedi quienes, en un acto de cobardía y traición, intentaron asesinarlo a él y al Supremo Canciller Palpatine, lo que llevó al Senado a ceder el control total del gobierno al Canciller y nombrarlo como Emperador del primer Imperio Galáctico. Vader se convirtió a la Orden de los Sith y fue nombrado Ejecutor Imperial. Bajo su mando, las fuerzas militares imperiales llevaron orden y estabilidad a una galaxia antes regida por la anarquía y la corrupción, aplastando todo brote de insurgencia rebelde y exterminando hasta el último de los traicioneros Jedi. Con la Estrella de la Muerte el Imperio iba a consolidar su poder en todo en el Universo, pero “lamentablemente, ocurrió lo de Yavin”, pensó Needa con pesar. “¡Maldita sea!”

Una alarma de aproximación comenzó a resonar en el puente, interrumpiendo las reflexiones de Needa. Se acercó a uno de los navegantes y preguntó: “¿Qué ocurre?”

“Señor, una nave desconocida acaba de aparecer en nuestras pantallas. No es más grande que una fragata de escolta pero su diseño no corresponde al de ninguna que podamos identificar”.

“Seguramente acaba de abandonar el hiperespacio. Envíe una comunicación exigiendo que se identifiquen inmediatamente. ¿Skeele?”. El teniente se acercó atendiendo al llamado del Capitán e hizo una leve reverencia. “Que las unidades de artillería estén preparadas para borrar de mi espacio la nave intrusa si no se identifica plenamente como una nave de provisiones para la base instalada en Imraad”.

“Quienesquiera que sean, lamentarán este día si sus intenciones son hostiles, señor”, respondió Skeele y dio media vuelta, acercándose a los operadores de artillería para impartir instrucciones.

Cada uno de los 30 pesados Turboláser y cañones de ion del lado de babor fueron apuntados a la extraña nave que invadiera el espacio protegido por el Avenger. Sin duda, la construcción de la misma se alejaba de los patrones seguidos tanto como por los ingenieros imperiales como rebeldes. Esta no parecía robusta ni imponente, capaz de repeler un ataque enemigo. Por el contrario, la estructura que sostenía el plato que constituía su cuerpo principal, parecía incapaz de soportar siquiera un viaje interplanetario. Y sin embargo, allí estaba, flotando desafiante, ocultando quién sabe qué secretos.

“¿Alguna respuesta, navegante?”, preguntó impaciente Needa.

“Ninguna todavía, señor”, fue la respuesta.

“Hagan un disparo de advertencia. Que sepan que hoy no estamos de humor”.

Uno de los Turboláser del Destructor Estelar descargó un potente plasma que cruzó en centésimas de segundo, la distancia que separaba las dos naves, para finalmente convertirse en un bola de fuego que fue rápidamente consumido por el vacío del espacio. Al disiparse, los sensores del Destructor mostraron que la nave intrusa estaba intacta, el impacto había ocurrido en una especie de pantalla protectora que la envolvía.

“Tienen un escudo de fuerza, señor”, reportó uno de los operadores, mientras Skeele y Needa escuchaban con atención. “La descarga no fue suficiente para realizar una medición confiable de su capacidad de protección, pero por los datos que obtuvimos, parece que puede soportar mucho más que cualquiera de los cruceros rebeldes o imperiales existentes”.

“¡Interesante! ¿Qué otras maravillas tecnológicas esconderá esa nave? Estoy seguro que los de la DCI que están acampados en Imraad podrían hacer maravillas con ella”, murmuró Needa. Subiendo un poco más el volumen de voz, ordenó: “Teniente Skeele... que las unidades de artillería no disparen a menos que sea en respuesta a un ataque. Quiero capturar esa nave y apropiarme de sus secretos en favor del Imperio. Que preparen un rayo tractor y las tropas se alisten para el abordaje”.

No lejos de allí, atraída por las transmisiones imperiales del Avenger, la computadora de a bordo de un TIE muy particular trazaba una ruta de aproximación al Destructor Estelar.

Un rayo tractor fue dirigido hacia la nave intrusa. Needa esperaba alguna resistencia, algo que revelara algo más de las capacidades técnicas de la nave desconocida y no fue decepcionado. Un torpedo de naturaleza desconocida fue lanzado desde la parte baja del plato principal de la nave intrusa hacia el Avenger.La descarga impactó sobre el cuerpo del destructor, lejos del puente de mando, donde sus escudos protectores eran menos resistentes. La nave vibró con el golpe, pero no fue algo para preocuparse. Los Destructores Estelares eran construidos para soportar mucho más que eso.Sin embargo, lo que si revelaba este ataque, era que los intrusos contaban con instrumentos capaces de detectar potenciales puntos vulnerables en el Destructor. Ahora Needa sentía mucho más interés en diseccionar esa maravilla tecnológica.

“Teniente Skeele, que las unidades 2 y 3 respondan el ataque. Fijen las descargas a potencia media y fuego continuo, quiero que ese escudo caiga”.

A la orden, los cañones ion y dos unidades de Turboláser iniciaron una rápida secuencia de disparos contra la nave intrusa. Sus escudos parecían soportar con decencia el ataque y por igual, los escudos del Destructor soportaban los impactos de los torpedos lanzados hacia él. Durante unos segundos, la batalla de las naves adornó con luces de colores los cielos de Imraad.

“¡Capitán!”, llamó con urgencia uno de los técnicos que atendía una consola de radar.

“¿Qué sucede ahora?”, quiso saber Needa con urgencia.

“Un caza TIE se aproxima, señor", fue la respuesta. “De acuerdo con los sondeos, es operado en modo automático por las computadoras de abordo, se encuentra bastante estropeado y no parece tener suficiente combustible para realizar un acercamiento controlado. El impulso lo trae en trayectoria de colisión con el Avenger”.

“¿Quién pilotea ese caza y qué hace tan lejos de cualquier base imperial?”.

“Los sensores no reportan vida abordo del caza, señor. Sin embargo... un momento. Corrijo el reporte anterior. Tengo una confirmación positiva. Hay una señal, es débil, el piloto parece estar en muy malas condiciones”.

“Si me permite, señor”, intervino Skeele, “este podría ser una estratagema de los intrusos para abordar el Avenger. Propongo que lo destruyamos, junto con esa nave. No creo que al Emperador le agrade saber que pudimos poner en riesgo la operación en Imraad por dudar en un momento como este”.

Needa escuchó las sugerencias de Skeele, pero tenía una corazonada. Algo dentro de él le decía que esto era algo más significativo que una simple estratagema. Se acercó al técnico de radar y ordenó: “Quiero ver una imagen de ese TIE…”

“Al instante”, respondió el técnico. Presionó el comando indicado y una proyección holográfica del caza imperial apareció frente a Needa y Skeele. Needa reconoció el diseño particular del TIE y apenas si podía creerlo.

“Suspenda el ataque y posicione el Avenger para que proteja ese TIE a toda costa ante cualquier posible ataque de la nave intrusa”.

“Si, señor”, fue la inmediata respuesta de Skeele, quien comenzó a repartir instrucciones a los diferentes operadores del Destructor Estelar.

La nave intrusa respondió al cese al fuego del Destructor y de nuevo quedaron las dos naves flotando silenciosamente sobre Imraad, mientras el pequeño caza imperial era capturado por un rayo tractor y llevado delicadamente a los hangares del Avenger.

Un pequeño destacamento de soldados invadió el hangar, así como técnicos y una unidad médica. El mismo Needa se hizo presente, apresurando a sus hombres con el rescate. Cuando los controles electrónicos del TIE fallaron en responder, los técnicos usaron sierras eléctricas para violentar las puertas del caza y poder sacar a su tripulante, que claramente estaba imposibilitado para hacerlo por medios propios. No fue una tarea fácil dado el gran tamaño del piloto y lo pesado de su armadura. Una armadura negra, oscura, como su pomposo título.

“Debió flotar a la deriva durante todo este tiempo...”, murmuró uno de los técnicos presentes, apreciando la dañada estructura externa del caza. “Hace mucho de la destrucción de la Estrella de la Muerte. Es una suerte que todavía esté con vida”.

Un médico se acercó al piloto y lo examinó de prisa. Pulso casi imperceptible. Respiración intermitente debido quizás a la baja batería y poca carga de oxigeno de los respiradores artificiales de la armadura. Se tratase de cualquier otra persona, las probabilidades de sobrevivir serían nulas. Pero no se trataba de un piloto imperial cualquiera el que habían sacado de ese TIE y todos lo sabían.

“Informen en la enfermería que estén preparados”, ordenó el médico. Mirando a Needa, que esperaba impaciente alguna noticia, agregó: “No tenemos mucho tiempo pero aún queda esperanza. ¡Haremos hasta lo imposible para salvar la vida de Lord Vader!”

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