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jueves, 15 de enero de 2015

Estrellas en colisión - Capítulo 1

El destructor de Estrellas



El espacio... la última frontera.

Hace ya mucho que la nave espacial USS Enterprise partió de la Tierra con una misión muy particular: explorar nuevos mundos, buscar nuevas formas de vida y la mejor parte: ¡llegar donde nunca antes ha llegado el ser humano! Durante todo este tiempo, James T. Kirk y su tripulación han visitado galaxias, algunos mundos amigables, otros tanto hostiles y viajado incluso en la corriente del tiempo mismo. Lo extraño y peligroso ha pasado a formar parte de las vidas de cada uno de los poco más de 400 tripulantes de la nave y se han ganado una reputación de “temerarios” en toda la Federación Unida de Planetas. No es por tanto de extrañar, que fuera la Enterprise la escogida por la Federación para probar la que podría ser la siguiente evolución en los viajes a la velocidad de la luz.

“Bitácora de vuelo, fecha estelar 9609.10. Han pasado doce días desde que recogimos al ingeniero Allec Kemra en la estación espacial Brasilia. Por autorización de la Federación Unida de Planetas, está acondicionando los motores de la Enterprise para probar su nuevo sistema de fusión, el cual, dice la teoría, permitirá a una nave estelar Clase Constitución como esta, superar el límite de los 10 warps. La nave insignia Excélsior posee el registro histórico de velocidad con 9.2 warps y Kemra espera superarlo. El ingeniero Jefe Montgomery Scott supervisará la operación para asegurarse que la nave soporte el empuje. La primera prueba se realizará en las próximas horas. Entrada de bitácora cerrada”.

Kirk presionó el botón de grabación y sus palabras quedaron para siempre guardadas en la bitácora digital de a bordo. Acto seguido, abandonó sus habitaciones y se dirigió al puente de mando. En el camino, Kirk saludó a varios de los habitantes de la Enterprise, algunos emocionados con la posibilidad de quitarle a la Excélsior el registro de velocidad. Acostumbrados como estaban a lo imposible, pocos temían que algo pudiera salir mal, aunque otros confiaban en que ese “salir mal” los podría llevar a una nueva y emocionante aventura. Al final de su recorrido, tomó el ascensor de uso exclusivo para el personal del puente.

Cuando la puerta del ascensor se abrió, la voz de la teniente Uhura anunció el ingreso del Capitán. Kirk se acercó a la silla del Capitán, que de momento era ocupada por su primer oficial, quien se puso de pie ante el anuncio de la llegada de su superior.

“Permiso para retornarle el mando de la nave, Capitán”. La voz de Spock era fría y libre de emoción, aunque Kirk sabía que bajo esa piel Vulcano palpitaba un corazón humano. Si bien el comportamiento extremadamente lógico de los Vulcano resultaba valioso para situaciones de alto estrés, donde los instintos primitivos humanos podrían conducir a la toma de malas decisiones, era la parte humana de Spock la que le proporcionaba la gracia necesaria para que Kirk hubiera entablado con él una buena amistad. Incluso, quizás podría considerarlo como “su mejor amigo”, pero mejor no comentarlo con Bones o se metería en serios en problemas.

“Puede retirarse señor Spock”, le respondió cortésmente.

Conforme Spock regresaba a su puesto junto a la consola de exploración, Kirk paseó su mirada por el puente. La teniente Comandante Uhura como de costumbre, se encontraba atendiendo las comunicaciones y dando alguna que otra mirada de soslayo a Spock. El teniente comandante Hikaru Sulu y el teniente Pavel Chekov estaban al frente, siempre atentos al control de los timones y la navegación de la nave. Y más adelante, frente a ellos y cubriendo toda la pared frontal, una pantalla proyectaba la imagen de un vasto y oscuro espacio salpicado por infinidad de estrellas.

En ese momento, el ruido de una chicharra molesta anunció un llamado desde la sala de máquinas.

“Adelante, Scotty”, urgió Kirk.

“Capitán, las máquinas ya han sido preparadas según las exigencias del ingeniero Kemra y estamos preparados para iniciar la prueba cuando usted guste”.

“Enterado”, respondió cortando la llamada. “Señor Chekov, ¿ha trazado una ruta de prueba segura?”.

“Afirmativo, Capitán”, respondió Chekov. “Estamos en órbita elíptica alrededor de la nebulosa Mirna VI. La ruta se encuentra libre de obstáculos y de tránsito interestelar”.

Kirk no disimuló una sonrisa. Estaba tan entusiasmado como los demás por la prueba a realizar. Sin más demora, dio la esperada orden. “Siendo así señores, pueden proceder”.

Las sirenas resonaron por los corredores de la nave espacial. Aunque no todos los tripulantes estaban al tanto de las pruebas, sabían que esas sirenas eran la señal para prepararse ante cualquier contingencia. Y cualquier contingencia a bordo de la Enterprise bien podía significar un ataque Klingon, el salto a una dimensión desconocida o algo peor. Todo el personal no requerido para la operación primaria de la nave suspendió sus actividades y buscaron refugio en los cuartos designados.

Los motores de la nave comenzaron a empujar y ganaban fuerza con cada minuto. Pronto quedaron atrás las marcas tradicionales de 1, 2 y hasta 3 warps, velocidades a la que solían viajar cuando saltaban de una misión de exploración a otra. Una leve vibración anunció pasados algunos minutos, que la barrera de los 6 warps acababa de ser superada. Hasta ahora, todo dentro de lo normal. La nave aguantaba sin reparo.

“¿Cómo va todo, Scotty?”, preguntó Kirk a través del intercomunicador en el brazo de su silla.

La respuesta fue casi inmediata: “Las modificaciones hechas al reactor se comportan según lo esperado, Capitán”, la voz que se escuchó en el pequeño parlante no tenía el marcado acento escoces del ingeniero Jefe. Tenía por el contrario, un acento neutro.Kirk la reconoció como la voz de Kemra. “El teniente Scott está corriendo ahora algunos programas de diagnóstico para compararlos con los míos, pero puedo anticiparle que de momento estamos un 15 por ciento por debajo del consumo estimado para la velocidad actual”.

“Esas son buenas noticias”, respondió y volviendo de nuevo la atención al frente, preguntó: “Señor Sulu, ¿velocidad?”.

“7.7 warps, Capitán. 7.8... 7.9, estamos acercándonos al límite”, dijo con emoción.

“Esta es la hora de la verdad”, pensó Kirk. Miró atrás a Spock, pero el Vulcano estaba concentrado corriendo sus propios test de diagnóstico. La mirada de Kirk no pasó sin embargo inadvertida para el Vulcano, quien comentó a la pregunta tácita de Kirk: “La estructura de la nave no presenta ningún síntoma de fatiga, Capitán. Podemos proseguir al siguiente nivel”.

“Que así sea”, respondió Kirk y así se lo hizo saber a los hombres en la sala de máquinas.

A la orden del Capitán, Kemra y Scotty activaron los hiperimpulsores, como gustaba de llamar Kemra a su modificación de los motores Warp. La vibración en la nave creció un poco pero luego se estabilizó. Todos los instrumentos reportaban normalidad mientras Sulu reportaba: “8.0... 8.1...”. Una sacudida un poco más violenta que las anteriores estremeció la nave conforme Sulu anunciaba casi extasiado: “9.2... 9.3.. ¡9.4 warps y continúa! ¡Esto es genial, Capitán!”.

Sin embargo, como era de esperarse, las manifestaciones de alegría fueron prematuras.

“¡Capitán!”, llamó alarmado Kemra. “¡Me temo que algo anda mal!”

Kirk no se mostró sorprendido en absoluto. Eso sí, si habían malas noticias, quería escucharlas de uno de sus hombres de confianza y no de un recién llegado, por bueno que fuera con las máquinas. Calmadamente respondió el llamado.

“Kemra, comuníqueme inmediatamente con Scotty”.

Unos segundos después, demasiados considerando la situación, la voz de Scotty se escuchó por el intercomunicador, tan alarmado como Kemra.

“Capitán, los niveles magnéticos del reactor están desbordados y si no los estabilizamos pronto, podríamos tener que expulsar el reactor antes que explote. Estamos haciendo lo posible para resolverlo pero dado que las máquinas nunca operaron bajo estos parámetros, no estamos seguros de que lo podamos lograr”.

“¿Cómo pudo pasar?”, Kirk estaba perturbado con la noticia, no resultaba alentador perder el reactor (de nuevo) y quedar a la deriva en el espacio. “Señor Spock, ¿alguna sugerencia?”

“Lo siento Capitán, las computadoras no registran ningún comportamiento anormal. No hay nada en estas lecturas que confirmen el reporte del ingeniero Jefe. Si hemos de creerle y no veo una razón para no hacerlo, diría que los algoritmos de computo han corrido fuera de stack al encontrarse con un entorno no previsto y que sus lecturas no son de fiar”.

“En otras palabras…”, apuro Kirk.

“Estamos por nuestra cuenta, Capitán”, fue la conclusión final de Spock.

“¡Capitán!”, bramó nuevamente la voz de Scotty por el intercomunicador. “Kemra y yo hemos evaluado la situación y creemos que si liberamos de golpe la energía excedente del reactor, aplicando la máxima velocidad, la carga magnética resultante contrarrestará la del reactor y podremos estabilizar los sistemas de la nave”.

“¿Pero?”, replicó Kirk, sabiendo que debía existir algún tipo de riesgo en tal acción o de lo contrario, Scottyno perdería tiempo con tanta charla.

“Pero en el proceso, la nave será impulsada a una velocidad que no podemos anticipar. Si hemos de creer a los modelos matemáticos que proyectan las simulaciones, podríamos salir del rumbo actual y llegar a cruzar la zona de frontera Klingon, al otro lado de la Galaxia”.

“¿Y en el peor escenario?”, preguntó impaciente.

“La nave podría deshacerse en pedazos ante la presión de las fuerza de empuje”, respondió Scotty con desazón.

El panorama no era muy alentador. Pero una decisión debía ser tomada y pronto. “Bueno belleza”, pensó, “somos hueso duro de roer. Confío en que podrás soportar la presión”. Acto seguido, ordenó: “Scotty, ¿estamos listos para proceder?”.

“Lo estamos, Capitán”, respondió el ingeniero Jefe con determinación.

“Entonces procedamos. Máxima potencia a los escudos deflectores. Señor Sulu y señor Chekov, máxima velocidad... y procuren mantenernos fuera de territorio enemigo”.

“Haremos lo que podamos, Capitán”, contestaron los navegantes y llevaron los marcadores de velocidad al punto más alto posible.

La nave expulsó con fuerza la energía almacenada y la explosión la empujó con tal violencia, que algunos objetos y tripulantes fueron a estrellarse contra los muros en dirección opuesta a la de avance. Los navegantes Sulu y Chekov luchaban con desespero por mantener la dirección de la nave. El indicador de velocidad estaba desbordado, los marcadores de posición quedaron en blanco, la pantalla frontal se fundió en un negro opaco sin estrellas y un continuo “beep” resonaba por todo el puente sin que nadie supiera exactamente de cuál de los sensores provenía.

La estructura de la nave se tensionó por completo, produciendo un sonido que semejaba un grito de agonía. “Aguanta, belleza, por favor”, pensó Kirk mientras apretaba los dientes y era presionado contra el espaldar de su silla.

El pánico se apoderó de los tripulantes y de no ser porque las fuerzas G producidas por la aceleración los sujetaron a las sillas, camas o paredes dejándolos inmóviles, habrían corrido despavoridos por los corredores de la nave buscando ayuda.

Luego de unos segundos que parecieron eternos, la velocidad comenzó a disminuir. Los instrumentos del puente de mando comenzaron a responder nuevamente y lentamente, la calma regresó a bordo de la Enterprise.Sólo la pantalla frontal del puente continuaba apagada.

“Reporte de situación”, ordenó Kirk en banda abierta a todas las estaciones.”¿Scotty?”.

La respuesta fue alentadora. “El reactor se ha estabilizado, Capitán. Kemra y yo vamos a correr algunas pruebas de diagnóstico para dar un reporte más preciso, pero sin duda, el peligro ha sido superado”.

“¿Spock?”

“La estructura de la nave está algo averiada, Capitán. Sin embargo, no es nada que algunos procesos manuales de reparación no puedan solucionar, al menos mientras regresamos a la Tierra o alguna estación cercana para una reparación completa”.

“¿Chekov?”

“Quisiera poder ser tan positivo como los demás, Capitán, pero ni Sulu ni yo podemos precisar nuestra posición. Tan seguro como que no estamos en una zona Klingon es que tampoco estamos en las cercanías de Mirna VI. Nuestros mapas estelares no parecen reconocer este sector”.

Y la situación estaba por complicarse un poco más.

“Estamos por debajo de la velocidad de impulso, Capitán”, reportó Sulu. Presionó algunos controles en su tablero de mando pero por su expresión, era obvio que no estaba obteniendo la respuesta que deseaba. “Y nuestra velocidad continúa bajando”.

“¡Capitán!”, interrumpió de nuevo Scotty por el intercomunicador. “Hemos perdido toda la potencia y las reservas de Deuterio que se supone debían alimentar el reactor durante los próximos quince años se han consumido en su totalidad. ¡No tenemos como impulsar la nave ni siquiera una micra con los residuos que quedaron!”

“¿Y nuestros escudos y armas?”, preguntó Kirk preocupado.

“Los sistemas de defensa están aparentemente intactos, Capitán. Lo corroboraré en un minuto...”

“¡Genial!”, pensó Kirk. “Esta vez parece que realmente hemos llegado donde ningún otro ser humano ha estado antes, con una nave en estado precario y a la deriva. ¿Qué más puede pasar?”

La respuesta vino de la teniente Uhura.

“Capitán, estoy recibiendo un mensaje. El idioma es desconocido. He intentado descifrarlo por contrastación con los dialectos registrados en nuestra base de datos y no he tenido suerte. Estoy probando con algunas variantes pero las combinaciones son casi infinitas y...”

“¿De dónde viene la comunicación?”, interrumpió Kirk.

“La fuente estará en pantalla... ahora”, anunció Uhura.

Todos dirigieron una atenta mirada a la pantalla frontal. Poco a poco el marco de visión antes apagado se llenó de un negro oscuro cubierto con infinidad de puntos luminosos, miles de estrellas, más que las que usualmente se observaban en esa pantalla. Al centro, las estrellas cedían espacio a una figura de bordes geométricos, triangulares en apariencia. Una nave espacial, como nunca antes habían visto. El puente parecía ser la construcción que sobresalía atrás en la popa, la parte más ancha de la nave, justo encima de unas enormes toberas. Según los cálculos de Spock, la longitud de “eso” perfectamente podría albergar al menos unas ocho naves como la Enterprise, algo que resultaba bastante impresionante.

“Capitán, los sensores muestran que esa nave tiene formas de vida a bordo. Casi tantos pasajeros como los de la Enterprise y de forma aparentemente humanoide. No parecen preocuparse por cubrir su nave para protegerla de nuestro escaneo y eso parece razonable”.

“Explíquese, señor Spock”, quiso saber Kirk, sabiendo de antemano que no iba a gustarle para nada la respuesta del Vulcano.

“Bien Capitán, basado en las lecturas que estoy recibiendo, puedo concluir con certeza que esa nave tiene tanta potencia de fuego en sus armas, que perfectamente podría considerársele un destructor de estrellas”.

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