Ir al contenido principal

El niño que aprendió a volar - Capítulo 13

Una voz de aliento

, llamó Clark con urgencia.

Martha se mostró renuente ante tal propuesta y la verdad es que para Jonathan tampoco resultaba una idea muy atractiva. No era sólo porque todavía se sentía convaleciente, se trataba de personas con habilidades superiores a las de cualquier mortal que conocía, ¿qué podían ellos hacer, como no fuera estorbar? Sin embargo, antes que pudieran debatirlo y sin previo aviso, el pequeño Clark se desmayó. Martha reaccionó de inmediato, lo tomó en sus brazos y entró en la casa. Jonathan los siguió, con algo de esfuerzo. Su corazón había sido reparado y latía de nuevo, pero le tomaría tiempo sanar del todo, si es que alguna vez lo hacía.

En medio del maizal, el hombre volador se retorcía del dolor mientras luchaba por mantener unida cada molécula de su cuerpo. Black Mace tenía una expresión de satisfacción en su rostro. Iba finalmente a hacerse con la victoria sin siquiera usar su mazo.

. El hombre replicó con apenas un susurro, pronunciando unas cuantas palabras que Black Mace no pudo comprender. , contestó con mofa.

, escuchó decir a la mujer que estaba de pie frente a él. Imra tenía un hilo delgado de sangre saliendo de su nariz, una manifestación del esfuerzo que debió realizar para resistir con sus poderes mentales el abuso físico al que fue sometida momentos antes. Se limpió aquella sangre con la manga de su uniforme, dejando ver un objeto metálico que sostenía en la mano. Black Mace reconoció la diadema y no ocultó su horror cuando la escuchó hablar de nuevo, sin mover los labios.

Con un esfuerzo menor al necesario para pestañear o espantar un mosquito, Imra golpeó síquicamente a Black Mace, induciéndole un coma que lo hizo caer pesadamente a tierra. En palabras del propio Mace, lo apagó.

Sin perder tiempo, Imra envió un comando mental a su anillo de la Legión, que transmitió a su vez una señal electrónica a un receptor parqueado en medio del campo, fuera de la vista de cualquiera. En respuesta, la capsula de tiempo en que viajaron vino a ellos. Usando su telequinesis, ya que no cabía lugar a dudas que de intentarlo usando su fuerza física le sería imposible, levantó el cuerpo de su amigo y lo depósito con cuidado dentro de la capsula. Acto seguido entró y salió. La puerta de la capsula del tiempo se cerró y sin más, desapareció.

Con ayuda de su anillo, Imra voló hasta el granero usando su telequinesis para llevar consigo el cuerpo inconsciente de Black Mace. No vio a los Kent, parecía que estaban ocupados dentro en la casa. Aprovecho para dejar a Black Mace dentro de la capsula y comenzar a programar la computadora de abordo para regresar a su propia era. Cuando todo estuvo listo para partir, una voz la llamó. Ella salió de la capsula. Era Martha.

, le preguntó la preocupada madre.

Imra era madre de dos pequeños y podía entender su angustia. Bajó a su lado, la tomó de las manos y le respondió usando su propia voz y no su telepatía, para no alterarla más de lo que ya estaba.

. Aunque a la fecha no había ocurrido, ella se había encontrado con Martha antes, a una edad donde no alcanzaba a comprender ciertas cosas como ahora lo hacía. Por eso, la abrazó y con lagrimas en los ojos, dijo: .

Luego, se apartó y entró en la capsula para desaparecer junto con ella.

Martha se quedó a solas en el granero, agradecida por las palabras de aquella mujer. Antes de regresar a la casa, donde Jonathan y un recién reanimado Clark la esperaban, miró a su alrededor, al desorden y destrucción que allí quedaba. Habría mucho que hacer en la mañana, especialmente en lo concerniente al cuarto oculto del piso, donde estaba aquello. Se acercó y contempló de nuevo esa especie de cohete espacial donde una tarde, ocho años atrás, habían encontrado al pequeño Clark. Ahí confirmó que sus ojos no le habían engañado antes, cuando creyó reconocer a aquel hombre volador. Precisamente allí, en ese cohete, estaba la prueba. Grabado en su parte frontal, resaltaba un escudo pentagonal con algo que podría describirse como una estilizada. Era el mismo escudo que llevaba como insignia en su pecho aquel misterioso hombre volador.

Capítulo siguiente: Arriba, arriba y a volar
Capítulo anterior: Hombre caído

Comentarios

Entradas populares de este blog

Superman - Capítulo 11

Al encuentro del mañana La vieja camioneta de estacas parqueó frente a la casa de los Kent. El polvo que levantó en su camino desde la entrada a la granja se disipó rápidamente gracias a la fresca brisa que soplaba esa tarde de otoño, en vísperas del inicio de la temporada de invierno. Un hombre mayor con un sombrero adornado con plumas en su cabeza y collares artesanales al cuello bajó del lado del conductor y un niño atribulado de escasos nueve años hizo lo propio del lado del pasajero, con la mirada fija en el suelo a sus pies. “No te preocupes, Naman . Todo va a estar bien”, dijo el hombre mientras acompañaba al niño hasta la casa, donde Jonathan y Martha esperaban. Salieron al portón tan pronto escucharon la camioneta acercarse. Una llamada por teléfono recibida minutos antes les avisó que su hijo iba camino de regreso en compañía del señor Willowbrook, reconocido jefe del resguardo indígena Kawatche y viejo amigo de la familia Kent. “Gracias por traerlo a casa, Joseph”, dij...

Escritubre Día 8

El cerrajero gruñón que soñaba con saltamontes bailarines Jadeaba sin aliento, sus pies tropezaban con todo a su paso en su desespero por alejarse de la música pero sin importar hacía donde corriera, el estruendo de las gaitas y los tambores parecía rodearlo. Cansado, se acurrucó en el piso suplicando que la noche le sirviera de cobertura. Cerró los ojos y contuvo la respiración hasta no aguantar más. Entonces, tal como ocurriera otras muchas veces, al abrir los ojos estaban allí, a su alrededor, bailando al son de la música que inundaba el claro. Miles y miles de saltamontes se contorsionaban al son de esa música estruendosa. Furioso, se puso de pie y sin cuestionarse de dónde salió, tomó un lanzallamas. Apretó el gatillo y una llamarada brotó de la boca de aquel instrumento de destrucción, chamuscando a unos cuantos cientos de bichos. La música cesó, los saltamontes dejaron de bailar, chillaron al unisono y se le abalanzaron encima, cubriéndolo, mordiendo y sofocándolo hasta... desp...

Escritubre Día 7

Todo por ese pequeño detalle Viernes por la mañana. Andrea estacionó su auto compacto amarillo y bajó para acercarse a la reja enorme que cubría el portal de entrada. A menos que estuviera relacionado con iglesias o salones de recepción, siendo una recién llegada a la ciudad desconocía la historia detrás de muchos de los lugares que pudieran considerarse “icónicos” y este tenía toda la pinta de ser uno de esos. Alta como para rozar las ramas de los árboles sembrados a cada lado y ancha lo suficiente como para permitir el paso de dos vehículos si fuera necesario, servía a su dual propósito de mantener fuera a los indeseados y protegidos a quienes estuvieran dentro. A la derecha, sostenido por un poste de metal, estaba una caja cerrada de donde provino una voz áspera. “¿Qué se le ofrece?”, preguntó. “Soy la planificadora de bodas, la wedding planner . Tengo una cita con…” La reja comenzó a abrirse antes que terminara su presentación. Andrea regresó a su auto y tan pronto cruzó por e...