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jueves, 31 de diciembre de 2015

Estrellas en Colisión - Capítulo 13

Atando cabos sueltos



La USS Enterprise entró al hiperespacio siguiendo la ruta previamente programada por Kemra en las computadoras de navegación. Igual que ocurriera durante el viaje de ida, los campos magnéticos resultantes amenazaron con desestabilizar el reactor, sólo que esta vez Scotty estaba preparado y rápidamente controló la situación, liberando de golpe la energía residual para conseguir el impulso necesario para ir más allá de los límites pre-establecidos. Los escudos deflectores estaban esforzándose al máximo para mantener la nave intacta.

“Aguanta, belleza, por favor”, pensó nuevamente Kirk, tendido en una de las camas de la enfermería.

Finalmente el impulso fue cediendo y la Enterprise comenzó a detenerse. Sin esperar por el permiso del doctor McCoy, Kirk abandonó la enfermería y fue directamente al puente de mando, donde reanudó sus labores como Capitán.

“Reporte nuestra posición, señor Chekov”, solicitó Kirk.

El teniente consultó sus instrumentos y comparó notas con Sulu antes de responder.

“Estamos cerca de la estación espacial Brasilia. Capitán, ¡regresamos!”.

Hubo manifestaciones de júbilo en el puente. Incluso Spock, que se mantenía siempre calmado, celebraba a su modo particular el regreso y aceptaba de buena gana el abrazo de Uhura. Kirk sonrió, era bueno estar de vuelta, lejos de aquel Imperio.

De pronto, la Enterprise se estremeció violentamente y varias de las luces de varias de las consolas en el puente comenzaron a titilar, como luces de Navidad. Algo había explotado, pero no era claro si había ocurrido adentro o afuera de la nave. Quizás ambas. ¿Habían sido impactados por algún torpedo? O ¿acaso las máquinas habían reventado por cuenta de la presión del viaje?

“Spock, ¿qué acaba de ocurrir?”, preguntó preocupado.

“Perdemos potencia rápidamente, Capitán. Aparentemente tuvimos una explosión en la sala de máquinas, pero no puedo determinar la causa. No consigo obtener respuesta alguna de Scott”.

Kirk abandonó el puente de mando y subió al ascensor. Se desplazó luego por la cubierta de acceso a la sala de máquinas y al llegar, el caos que encontró confirmaba el reporte de explosión. Algunos técnicos con heridas leves eran llevados por sus compañeros a la enfermería, mientras otros contenían pequeños focos de incendios. Al fondo, en el lugar donde el reactor debía estar, encontró los restos humeantes de los instrumentos usados para controlar los impulsores y un gran vacío detrás de ellos. El reactor no estaba, había sido expulsado de la nave. Sentado frente a aquel vacío, estaba el ingeniero en Jefe Montgomery Scott, que contemplaba el escenario con la mirada perdida, confundido.

“Scotty... ¿qué ha ocurrido?”, le preguntó Kirk, inclinándose junto a él.

“Capitán, yo… Es algo que tenía que hacer en cuanto regresamos a nuestro Universo. La tecnología de estos motores no era segura, no estábamos listos… o eso creía. Ahora, no lo sé…”

“Scotty, ¿qué pasó con el reactor modificado?”, preguntó de nuevo Kirk, desconcertado.

“Yo… Creo que lo destruí”.

* * *

Los técnicos imperiales que consiguieron estabilizar el reactor del Avenger sin duda merecen una condecoración por la labor desempeñada. Su logro no fue una tarea fácil en las condiciones en que trabajaron, cualquier reconocimiento sería poco. Desafortunadamente, una cosa era estabilizar el núcleo del reactor para evitar que se convirtiera en una nova miniatura y otra muy diferente, conseguir que de nuevo operara normalmente, de forma que muchos de los sistemas de sustentación del Destructor comenzaron a fallar. Sin los medios para sostenerse por si mismo, el Avenger comenzó un rápido descenso hacia el planeta Imraad, atraído por su gravedad.

Con una dificil maniobra debido a los daños recibidos, el Superdestructor Terror activó su rayo tractor y atrapó con él la estructura del Destructor Avenger, evitando lo que parecía ser una muerte segura para los 1000 de los poco más de 1500 tripulantes entre operadores, técnicos, androides, pilotos y soldados que todavía no habían podido evacuar la nave.

Unas horas después, cuando la situación estuvo bajo control y las máquinas del Avenger fueron reparadas en su totalidad, Darth Vader tuvo una rápida plática con Needa.

“Usted me ha fallado, Capitán”, le dijo. “La tecnología en teletransportación de esa nave habría significado una gran adquisición para el Imperio. Por otra parte, sus hombres en Imraad no pudieron evitar el sabotaje a la estación y eso podría poner en peligro la investigación que allí se adelantaba”. Needa tragó saliva mientras mantenía su cabeza en alto y sus ojos fijos en la oscura máscara de Darth Vader. Temía lo peor. “Agradezca que fue precisamente usted quien me encontró y que gracias a su oportuna gestión, pude curar mis heridas, de lo contrario…”. Hizo una pausa dramática que Needa supo comprender perfectamente y que agradeció con una reverencia. “Esta es una carta que sólo podrá jugar una vez, Capitán Needa. No me falle de nuevo”.

Con esto, Vader dio por terminada la conferencia y se retiró. Desde el puente de mando del Avenger, Needa observó el TIE de Vader dirigirse hacia el Superdestructor y dió un respiro de tranquilidad. Había sobrevivido al juicio del señor del Sith y estaba feliz por eso. Tanto, que cuando su nuevo primer Oficial se acercó, todavía estaba sonriendo.

“Reporte del escuadrón que perseguía a la nave Corelliana que escapó de la base en Imraad, Capitán”, dijo el primer Oficial luego de saludar. “Los TIEs le dieron cacería y la abordaron cerca al planeta Dreighton. Su piloto opuso resistencia y murió en el enfrentamiento”.

“Lo importante era que la información que ese contrabandista Corelliano llevaba consigo no llegara a la Alianza Rebelde”, comentó Needa, conservando todavía su recién adquirido buen humor. “¿Algo más?”

“Si señor”, respondió prontamente el primer Oficial. “Durante el viaje de regreso, los caza se toparon con una escuadra de alas-X rebeldes que patrullaban la zona. Los TIEs iban equipados con la nueva tecnología furtiva que adaptamos de la nave alienígena que fue robada de la base y la probaron con éxito en combate. Esos rebeldes no tuvieron oportunidad alguna, señor”.

“¡Excelente! Así que no todo fue un fracaso”, dijo Needa. “Parece que estos TIEs Fantasma todavía pueden ser el arma definitiva del Imperio en contra de la Alianza Rebelde”.

Ya el primer Oficial se retiraba, cuando Needa recordó algo y le detuvo.

“¿Qué fue de los restos del androide de protocolo que acompañaba a los prisioneros?”, preguntó.

“Sus restos fueron enviados a Coruscant por solicitud de Lord Vader, señor”.

* * *

Kirk se detuvo fuera de uno de los cuartos de reposo de la estación Prometeo II. Anunció su presencia y procedió a ingresar al cuarto en cuanto recibió aprobación. Adentro, una enfermera terminaba algunos exámenes médicos de control al teniente Scott. Cuando la enfermera se hubo retirado, Kirk se acercó.

“Scotty, ¿por qué borraste de las computadoras los diseños de Kemra y destruiste el reactor?”, preguntó.

Scotty bajó su mirada apenado. Había tenido dudas respecto al porqué de su comportamiento, pero durante la convalecencia, esas dudas poco a poco fueron resolviéndose conforme sus recuerdos se tornaban más claros.

“Estoy casi seguro que fue cosa de Kemra, Capitán. De alguna forma uso esa técnica Jedi para hacerme pensar que lo mejor para todos era destruir su investigación. Yo me siento muy apenado por esto, Capitán".

“Entiendo. Yo fui testigo de primera mano de lo que Kemra era capaz de hacer”. Kirk le dio unas palmadas en el hombro y se despidió. “Descansa, Scotty. Me aseguraré que la Federación no te levante cargos por esto”.

Al salir, Kirk aceptó de mala gana que quizás Kemra obró de forma acertada. Históricamente, la humanidad había usado todo invento científico para fines poco o nada altruistas y aunque las cosas habían cambiado un poco en el último siglo, los viejos hábitos son difíciles de erradicar, así que para qué arriesgarse.

“Donde quiera que estés ahora, Kemra… que la Fuerza te acompañe”, suspiró.

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