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miércoles, 28 de enero de 2015

Estrellas en colisión - Capítulo 3

Confrontación en órbita



“¡Preparados para impacto!” alertó Kirk, al tiempo que las alarmas resonaban por los corredores de la Enterprise. “¡Scotty, máxima potencia a los escudos!”

Scotty acababa de dar cumplimiento a la orden del Capitán, cuando un láser de alta densidad, golpeó el escudo lateral derecho de la nave. La estructura del Enterprise se estremeció y la fuerza del impacto la hizo desplazar algunos metros de su posición de anclaje forzado.

“¡Reporte!”, urgió Kirk.

“Nos han golpeado con un naturaleza fotónica, un láser de plasma concentrado”, respondió Spock. “Un análisis preliminar sugiere que la potencia del láser no hubiera dañado la nave, aún con los escudos a una menor intensidad. Esto sugiere que pudo tratarse de un disparo de advertencia”.

“No se sintió como uno”, murmuró Chekov.

“Debido a la perdida de potencia en nuestros motores, la Enterprise no está habilitada para producir un anclaje seguro en el espacio, de forma que esta clase de impactos la afectan con una fuerza mayor a lo esperada. Espero eso responda a su inquietud, señor Chekov”, comentó Spock. “Sugiero que procedamos con cautela, Capitán”.

“Tanta como podamos, Spock”. Kirk apretó los puños. “¡Maldición! No tenemos potencia de impulso para mover la nave, ni tan siquiera para realizar maniobras evasivas. No me había sentido tan impotente en mucho tiempo… espero no tener que recurrir a la misma estrategia usada en Génesis y sacrificar esta Enterprise”. El recuerdo de Génesis evocó las memorias de la muerte de su hijo Marcus, pero antes que descorazonarlo, este pensamiento lo llenó de valor. Perder a su hijo a manos del comandante Klingon Kruge le hizo prometerse a sí mismo que nunca más perdería a uno de los suyos y que vencería la adversidad, ya tuviera la forma de Klingons o de un “destructor de estrellas” como le llamara Spock. “No perderé esta nave”, se repitió.

Acto seguido, citó a Spock, McCoy, Scotty y Kemra a la sala de reuniones. Spock y McCoy eran sus amigos más cercanos, las personas en quienes depositaba toda su confianza y los ingenieros conocían a la perfección la situación actual de los motores y seguro ya tendrían posibles alternativas de solución. Entre todos, encontrarían la forma de salir de esta incómoda situación.

Kemra estaba de regreso en su habitación cuando recibió el llamado del Capitán. “Iré enseguida”, respondió. En ese momento, una figura humanoide se acercó. Se trataba de un androide de cuerpo metálico, de un plateado poco brillante y ojos iluminados como faroles de coche antiguo, de movimientos torpes y voz sintetizada por computador.

“Señor, ese parece haber sido el impacto de un Turboláser”, comentó el androide. “Ese tipo de armas sólo se encuentra en…”

“Así es D474”, interrumpió Kemra. “Parece que la prueba fue todo un éxito… más o menos.Hubieron algunas complicaciones, pero creo que estamos de regreso. Sólo espero poder mandarlos de vuelta antes que sea tarde”. Y dicho esto, salió.

La sala de reuniones estaba adornada por fotografías de las anteriores versiones de la USS Enterprise. Cada una de ellas tenía una historia y un pasado de grandeza, de exploración, aventuras y actuaciones memorables. Muchas, sino todas, habían dejado su registro en los anales de la historia de la humanidad, junto con las tripulaciones que cobijaron. Muchas situaciones de crisis se habían resuelto en reuniones realizadas en salas como esta. Aquí, sentados en sillas ergonómicas alrededor de una enorme mesa ovalada de material sintético, Kirk esperó hasta que el último de los convocados arribó. Kemra llegó acompañado de su androide.

“Capitán, no sabe cuánto lamento lo ocurrido”, se disculpó Kemra.

“Disculpa aceptada, Kemra. Entrando en materia, ¿tiene alguna idea de dónde estamos? Porque nuestros instrumentos no parecen reconocer el espacio a nuestro alrededor ni hemos sido capaces de identificar el idioma de nuestros atacantes”.

“¿Cómo es eso posible?”, preguntó el Doctor Leonard McCoy, jefe médico de la USS Enterprise. “Para estas alturas yo creería que ya tenemos al menos cartografiado todo el espacio conocido, ¿o me equivoco, Spock?”, dijo dirigiendo una mirada desafiante al vulcano, con quien era bien sabido, gustaba de debatir sobre todo.

“Esa es una presunción demasiado soberbia, Doctor, algo bastante propio de ustedes los humanos. El Universo es un lugar amplio y vasto y aunque conocemos muchas galaxias y culturas, estamos tan cerca de conocerlas todas como cuando conocimos a la primera”, respondió Spock calmadamente. “No es improbable, dada la naturaleza de las pruebas realizadas y de las velocidades alcanzadas, que podamos estar en una galaxia nunca antes visitada de este Universo”.

“O del Hiperuniverso”, intervino Kemra.

“¿Perdón? ¿A qué se refiere?”, preguntó McCoy.

“Antes de la invención de los motores Warp”, dijo Spock, “los viajes interplanetarios se realizaba usando lo que en la Tierra llamaban agujeros de gusano, túneles gravitacionales abiertos en puntos distantes y conectados entre sí. Esta técnica fue abandonada por la complejidad de su implementación y por los riesgos que se presentaban. Existen reportes de astronaves que desaparecieron sin dejar rastro. Los teóricos especularon que estos agujeros podrían conectar no sólo con puntos en nuestro Universo sino en otros posibles Universos y que es allí donde pudieron terminar muchas de esas naves”.

“El Hiperuniverso”, puntualizó Kemra. “Imaginen una sala multicine de cualquier centro de entretenimiento en la Tierra. Cada sala de cine proyecta su propia película y cada película es un Universo en sí misma, existiendo de forma paralela una a la otra. Podemos pasar de una sala a la otra y participar de cada uno de esos Universos”.

“¿Quiere decir que salimos de la sala donde se proyectaba nuestra película y ahora estamos en la sala de otra película?”, dijo con incredulidad McCoy. “Bueno, solo llévenme nuevamente a mi sala y asunto arreglado”.

“Aunque fuera posible”, dijo Spock, “las fuerzas gravitacionales implicadas en tal desplazamiento son enormes y algo así requeriría de una gran energía”.

“O de mucha velocidad”, dijo Kemra con una disimulada sonrisa. “Einstein lo dedujo hace mucho, sólo que no habíamos alcanzado la velocidad necesaria… hasta ahora”.

“¿Sabía que esto podría pasar?”, interrogó Kirk, molesto por las implicaciones que la respuesta del ingeniero podría tener.

“Como sabe, podemos viajar a velocidades superiores a la de la Luz y no desplazarnos en el tiempo porque los motores Warp crean un campo de contención, que aísla la nave y la mantiene dentro del espacio-tiempo normal cuando su viaje termina”, explicó Kemra. “Al exponerse a velocidades extremas, el campo de contención también puede verse afectado y desplazarla en el tiempo, algo que ustedes pudieron experimentar no hace mucho y que si mal no recuerdo, Capitán, le costó su rango como Almirante de la flota”. Kemra hizo una pausa dramática pero Kirk no dijo palabra. Su expresión de seriedad fue suficiente respuesta. Kemra continuó. “Si adicional a la velocidad combinamos una sobrecarga magnética suficiente como para romper la frecuencia de resonancia de nuestro Universo, podríamos en teoría…”

“Dar un salto al Hiperuniverso”, murmuró Kirk.

“Y aquí estamos”, terminó Kemra.

“¡Esto es una locura!”, exclamó McCoy. “Si sabía que algo así podría pasar, ¿por qué continuó con las pruebas?”

“El Hiperuniverso es un concepto bastante interesante, pero un concepto nada más”, contestó Spock, con una serenidad que chocaba con las explosivas reacciones del buen Doctor. “No existe una prueba científica documentada de su existencia y aunque suena tentador suponer que estamos en otro Universo, no deja de ser una suposición solamente, sin ningún sustento lógico”.

“Pues de acuerdo con Kemra, eso fue lo que hicimos”, dijo por fin Kirk. “Pero, ¿por qué está tan seguro? ¿Qué sabe de toda esta situación que nosotros ignoramos?”

Una nueva sacudida estremeció la Enterprise cuando fue atrapada en un rayo tractor. Poco a poco, incapaz de ofrecer resistencia alguna, comenzó a avanzar hacia una compuerta abierta en la descomunal nave frente a ella, como bocado siendo llevado a las fauces abiertas de un lobo hambriento. Una vez más, las alarmas resonaron abordo.

“Reporte, señor Sulu”, ordenó Kirk en cuanto hubo entrado en el puente de mando. Siguiendo sus pasos, entraron también los que antes estaban con él en la sala de reuniones, incluidos Kemra y el androide D474.

“Nos han enganchado con un rayo de tracción, Capitán”, respondió Sulu.

“Sin los motores, no tenemos como contrarrestar la fuerza de ese rayo”, comentó Scotty.

“Tendremos que pelear”, murmuró Kirk. “Quizás baste un disparo de advertencia, para mostrarles que no estamos tan indefensos como aparentamos”. Y dirigiéndose al Ingeniero Jefe, ordenó: “Que preparen una carga de baja potencia y disparen hacia la nave desconocida”.

“¡No, Capitán!”, exclamó Kemra al ver la imagen de la nave agresora en pantalla. “Esa Destructor Estelar podría vaporizar la Enterprise, usted no puede arriesgarse a…”

“¿Cómo sabe lo que ese Destructor Estelar puede hacer, Kemra?”, preguntó Kirk. Presionó uno de los comandos de su silla y casi de inmediato, dos uniformados de rojo acudieron al puente. “Acompañen a Kemra a sus habitaciones y que no salga de allí hasta nuevo aviso”, les ordenó Kirk. Mientras los hombres escoltaban al ingeniero fuera del puente, se volvió a Scotty, que continuaba allí. “¿Qué pasó con ese torpedo?”

Un torpedo de fotón abandonó la Enterprise y se dirigió al Destructor Estelar. Los escudos del Destructor fueron sorprendidos por el impacto. Lo que siguió fue un intercambio de disparos entre las dos naves, inmersas en un desigual intercambio de poder destructivo.

“¡Capitán!”, llamó Scotty al poco rato. “Los generadores del campo de fuerza están cediendo y ese último impacto afectó seriamente los sistemas de ambiente artificial. Si no salimos rápido de esta zona de fuego…”

“Entiendo”, dijo Kirk y cerró el canal de comunicación. Había iniciado una confrontación con una nave de la que plenamente tenían certeza poseía una capacidad para batalla mucho mayor a la de cualquier nave de la Federación. ¿Qué esperaba ganar con eso? Ahora, estaba seguro, sólo un milagro podría salvarlos.

“Capitán, parece que una pequeña nave se aproxima…”

Encerrado en su habitación, un asalto de ansiedad e inquietud alteraron la tranquilidad que durante años vivió Kemra. Casi había olvidado la sensación que ahora lo embargaba, ese estremecimiento producido por una perturbación en la Fuerza. “¡Vader!”, exclamó.

“Capitán, la nave enemiga ha cesado el fuego. Recomiendo que hagamos lo mismo”.

“Enterado, Spock”. De nuevo activó el intercomunicador. “Scotty, suspendan el ataque hasta nueva orden”. Kirk se recostó en la silla y mentalmente organizó sus ideas. Necesitaba un plan y lo necesitaba rápido. La Enterprise no podría resistir un segundo round contra ese Destructor Estelar.

miércoles, 21 de enero de 2015

Estrellas en colisión - Capítulo 2

El sobreviviente de Yavin



Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana...

Al menos eso le parecía al Capitán del descomunal Destructor Estelar clase Imperial Avenger, que flotaba tranquilamente en la órbita del planeta Imraad Alpha. Habían sido enviados aquí, a este desolado sector de la galaxia, para servir de apoyo a la División Científica del Imperio comandada por el Gran Almirante Sarn. La DCI se había instalado en el planeta para desarrollar una nueva arma a usar en contra de los molestos grupos rebeldes, envalentonados luego de su victoria en la batalla de Yavin y ahora supuestamente agrupados en lo que autodenominaban una “Alianza Rebelde”. La promesa de Sarn era simple: proveer un arma que ocupe el vacío dejado por la estación espacial de combate conocida como la Estrella de la Muerte, destruida en Yavin.

“¡Bah! Qué pérdida de tiempo”, dijo para sí Lorth Needa, mientras contemplaba el primitivo planeta a través de una de las ventanas del puente de mando. “Mi Destructor y yo deberíamos estar con el resto de la flota aplastando a la basura rebelde y no aquí, en este apestoso rincón de la galaxia. ¡Ah! Pero otra sería la historia si junto con la Estrella de la Muerte no hubiéramos perdido también a Lord Vader. Esa es la verdadera tragedia de la batalla de Yavin”.

Lord Darth Vader, señor del Sith, fue la figura más temida y respetada en toda la galaxia, después del Emperador. En los últimos días de la Republica, Vader fue un poderoso guerrero de una antigua Orden, los Caballeros Jedi, conocidos precisamente como los “defensores de la Republica”. Pero fueron los Jedi quienes, en un acto de cobardía y traición, intentaron asesinarlo a él y al Supremo Canciller Palpatine, lo que llevó al Senado a ceder el control total del gobierno al Canciller y nombrarlo como Emperador del primer Imperio Galáctico. Vader se convirtió a la Orden de los Sith y fue nombrado Ejecutor Imperial. Bajo su mando, las fuerzas militares imperiales llevaron orden y estabilidad a una galaxia antes regida por la anarquía y la corrupción, aplastando todo brote de insurgencia rebelde y exterminando hasta el último de los traicioneros Jedi. Con la Estrella de la Muerte el Imperio iba a consolidar su poder en todo en el Universo, pero “lamentablemente, ocurrió lo de Yavin”, pensó Needa con pesar. “¡Maldita sea!”

Una alarma de aproximación comenzó a resonar en el puente, interrumpiendo las reflexiones de Needa. Se acercó a uno de los navegantes y preguntó: “¿Qué ocurre?”

“Señor, una nave desconocida acaba de aparecer en nuestras pantallas. No es más grande que una fragata de escolta pero su diseño no corresponde al de ninguna que podamos identificar”.

“Seguramente acaba de abandonar el hiperespacio. Envíe una comunicación exigiendo que se identifiquen inmediatamente. ¿Skeele?”. El teniente se acercó atendiendo al llamado del Capitán e hizo una leve reverencia. “Que las unidades de artillería estén preparadas para borrar de mi espacio la nave intrusa si no se identifica plenamente como una nave de provisiones para la base instalada en Imraad”.

“Quienesquiera que sean, lamentarán este día si sus intenciones son hostiles, señor”, respondió Skeele y dio media vuelta, acercándose a los operadores de artillería para impartir instrucciones.

Cada uno de los 30 pesados Turboláser y cañones de ion del lado de babor fueron apuntados a la extraña nave que invadiera el espacio protegido por el Avenger. Sin duda, la construcción de la misma se alejaba de los patrones seguidos tanto como por los ingenieros imperiales como rebeldes. Esta no parecía robusta ni imponente, capaz de repeler un ataque enemigo. Por el contrario, la estructura que sostenía el plato que constituía su cuerpo principal, parecía incapaz de soportar siquiera un viaje interplanetario. Y sin embargo, allí estaba, flotando desafiante, ocultando quién sabe qué secretos.

“¿Alguna respuesta, navegante?”, preguntó impaciente Needa.

“Ninguna todavía, señor”, fue la respuesta.

“Hagan un disparo de advertencia. Que sepan que hoy no estamos de humor”.

Uno de los Turboláser del Destructor Estelar descargó un potente plasma que cruzó en centésimas de segundo, la distancia que separaba las dos naves, para finalmente convertirse en un bola de fuego que fue rápidamente consumido por el vacío del espacio. Al disiparse, los sensores del Destructor mostraron que la nave intrusa estaba intacta, el impacto había ocurrido en una especie de pantalla protectora que la envolvía.

“Tienen un escudo de fuerza, señor”, reportó uno de los operadores, mientras Skeele y Needa escuchaban con atención. “La descarga no fue suficiente para realizar una medición confiable de su capacidad de protección, pero por los datos que obtuvimos, parece que puede soportar mucho más que cualquiera de los cruceros rebeldes o imperiales existentes”.

“¡Interesante! ¿Qué otras maravillas tecnológicas esconderá esa nave? Estoy seguro que los de la DCI que están acampados en Imraad podrían hacer maravillas con ella”, murmuró Needa. Subiendo un poco más el volumen de voz, ordenó: “Teniente Skeele... que las unidades de artillería no disparen a menos que sea en respuesta a un ataque. Quiero capturar esa nave y apropiarme de sus secretos en favor del Imperio. Que preparen un rayo tractor y las tropas se alisten para el abordaje”.

No lejos de allí, atraída por las transmisiones imperiales del Avenger, la computadora de a bordo de un TIE muy particular trazaba una ruta de aproximación al Destructor Estelar.

Un rayo tractor fue dirigido hacia la nave intrusa. Needa esperaba alguna resistencia, algo que revelara algo más de las capacidades técnicas de la nave desconocida y no fue decepcionado. Un torpedo de naturaleza desconocida fue lanzado desde la parte baja del plato principal de la nave intrusa hacia el Avenger.La descarga impactó sobre el cuerpo del destructor, lejos del puente de mando, donde sus escudos protectores eran menos resistentes. La nave vibró con el golpe, pero no fue algo para preocuparse. Los Destructores Estelares eran construidos para soportar mucho más que eso.Sin embargo, lo que si revelaba este ataque, era que los intrusos contaban con instrumentos capaces de detectar potenciales puntos vulnerables en el Destructor. Ahora Needa sentía mucho más interés en diseccionar esa maravilla tecnológica.

“Teniente Skeele, que las unidades 2 y 3 respondan el ataque. Fijen las descargas a potencia media y fuego continuo, quiero que ese escudo caiga”.

A la orden, los cañones ion y dos unidades de Turboláser iniciaron una rápida secuencia de disparos contra la nave intrusa. Sus escudos parecían soportar con decencia el ataque y por igual, los escudos del Destructor soportaban los impactos de los torpedos lanzados hacia él. Durante unos segundos, la batalla de las naves adornó con luces de colores los cielos de Imraad.

“¡Capitán!”, llamó con urgencia uno de los técnicos que atendía una consola de radar.

“¿Qué sucede ahora?”, quiso saber Needa con urgencia.

“Un caza TIE se aproxima, señor", fue la respuesta. “De acuerdo con los sondeos, es operado en modo automático por las computadoras de abordo, se encuentra bastante estropeado y no parece tener suficiente combustible para realizar un acercamiento controlado. El impulso lo trae en trayectoria de colisión con el Avenger”.

“¿Quién pilotea ese caza y qué hace tan lejos de cualquier base imperial?”.

“Los sensores no reportan vida abordo del caza, señor. Sin embargo... un momento. Corrijo el reporte anterior. Tengo una confirmación positiva. Hay una señal, es débil, el piloto parece estar en muy malas condiciones”.

“Si me permite, señor”, intervino Skeele, “este podría ser una estratagema de los intrusos para abordar el Avenger. Propongo que lo destruyamos, junto con esa nave. No creo que al Emperador le agrade saber que pudimos poner en riesgo la operación en Imraad por dudar en un momento como este”.

Needa escuchó las sugerencias de Skeele, pero tenía una corazonada. Algo dentro de él le decía que esto era algo más significativo que una simple estratagema. Se acercó al técnico de radar y ordenó: “Quiero ver una imagen de ese TIE…”

“Al instante”, respondió el técnico. Presionó el comando indicado y una proyección holográfica del caza imperial apareció frente a Needa y Skeele. Needa reconoció el diseño particular del TIE y apenas si podía creerlo.

“Suspenda el ataque y posicione el Avenger para que proteja ese TIE a toda costa ante cualquier posible ataque de la nave intrusa”.

“Si, señor”, fue la inmediata respuesta de Skeele, quien comenzó a repartir instrucciones a los diferentes operadores del Destructor Estelar.

La nave intrusa respondió al cese al fuego del Destructor y de nuevo quedaron las dos naves flotando silenciosamente sobre Imraad, mientras el pequeño caza imperial era capturado por un rayo tractor y llevado delicadamente a los hangares del Avenger.

Un pequeño destacamento de soldados invadió el hangar, así como técnicos y una unidad médica. El mismo Needa se hizo presente, apresurando a sus hombres con el rescate. Cuando los controles electrónicos del TIE fallaron en responder, los técnicos usaron sierras eléctricas para violentar las puertas del caza y poder sacar a su tripulante, que claramente estaba imposibilitado para hacerlo por medios propios. No fue una tarea fácil dado el gran tamaño del piloto y lo pesado de su armadura. Una armadura negra, oscura, como su pomposo título.

“Debió flotar a la deriva durante todo este tiempo...”, murmuró uno de los técnicos presentes, apreciando la dañada estructura externa del caza. “Hace mucho de la destrucción de la Estrella de la Muerte. Es una suerte que todavía esté con vida”.

Un médico se acercó al piloto y lo examinó de prisa. Pulso casi imperceptible. Respiración intermitente debido quizás a la baja batería y poca carga de oxigeno de los respiradores artificiales de la armadura. Se tratase de cualquier otra persona, las probabilidades de sobrevivir serían nulas. Pero no se trataba de un piloto imperial cualquiera el que habían sacado de ese TIE y todos lo sabían.

“Informen en la enfermería que estén preparados”, ordenó el médico. Mirando a Needa, que esperaba impaciente alguna noticia, agregó: “No tenemos mucho tiempo pero aún queda esperanza. ¡Haremos hasta lo imposible para salvar la vida de Lord Vader!”

jueves, 15 de enero de 2015

Estrellas en colisión - Capítulo 1

El destructor de Estrellas



El espacio... la última frontera.

Hace ya mucho que la nave espacial USS Enterprise partió de la Tierra con una misión muy particular: explorar nuevos mundos, buscar nuevas formas de vida y la mejor parte: ¡llegar donde nunca antes ha llegado el ser humano! Durante todo este tiempo, James T. Kirk y su tripulación han visitado galaxias, algunos mundos amigables, otros tanto hostiles y viajado incluso en la corriente del tiempo mismo. Lo extraño y peligroso ha pasado a formar parte de las vidas de cada uno de los poco más de 400 tripulantes de la nave y se han ganado una reputación de “temerarios” en toda la Federación Unida de Planetas. No es por tanto de extrañar, que fuera la Enterprise la escogida por la Federación para probar la que podría ser la siguiente evolución en los viajes a la velocidad de la luz.

“Bitácora de vuelo, fecha estelar 9609.10. Han pasado doce días desde que recogimos al ingeniero Allec Kemra en la estación espacial Brasilia. Por autorización de la Federación Unida de Planetas, está acondicionando los motores de la Enterprise para probar su nuevo sistema de fusión, el cual, dice la teoría, permitirá a una nave estelar Clase Constitución como esta, superar el límite de los 10 warps. La nave insignia Excélsior posee el registro histórico de velocidad con 9.2 warps y Kemra espera superarlo. El ingeniero Jefe Montgomery Scott supervisará la operación para asegurarse que la nave soporte el empuje. La primera prueba se realizará en las próximas horas. Entrada de bitácora cerrada”.

Kirk presionó el botón de grabación y sus palabras quedaron para siempre guardadas en la bitácora digital de a bordo. Acto seguido, abandonó sus habitaciones y se dirigió al puente de mando. En el camino, Kirk saludó a varios de los habitantes de la Enterprise, algunos emocionados con la posibilidad de quitarle a la Excélsior el registro de velocidad. Acostumbrados como estaban a lo imposible, pocos temían que algo pudiera salir mal, aunque otros confiaban en que ese “salir mal” los podría llevar a una nueva y emocionante aventura. Al final de su recorrido, tomó el ascensor de uso exclusivo para el personal del puente.

Cuando la puerta del ascensor se abrió, la voz de la teniente Uhura anunció el ingreso del Capitán. Kirk se acercó a la silla del Capitán, que de momento era ocupada por su primer oficial, quien se puso de pie ante el anuncio de la llegada de su superior.

“Permiso para retornarle el mando de la nave, Capitán”. La voz de Spock era fría y libre de emoción, aunque Kirk sabía que bajo esa piel Vulcano palpitaba un corazón humano. Si bien el comportamiento extremadamente lógico de los Vulcano resultaba valioso para situaciones de alto estrés, donde los instintos primitivos humanos podrían conducir a la toma de malas decisiones, era la parte humana de Spock la que le proporcionaba la gracia necesaria para que Kirk hubiera entablado con él una buena amistad. Incluso, quizás podría considerarlo como “su mejor amigo”, pero mejor no comentarlo con Bones o se metería en serios en problemas.

“Puede retirarse señor Spock”, le respondió cortésmente.

Conforme Spock regresaba a su puesto junto a la consola de exploración, Kirk paseó su mirada por el puente. La teniente Comandante Uhura como de costumbre, se encontraba atendiendo las comunicaciones y dando alguna que otra mirada de soslayo a Spock. El teniente comandante Hikaru Sulu y el teniente Pavel Chekov estaban al frente, siempre atentos al control de los timones y la navegación de la nave. Y más adelante, frente a ellos y cubriendo toda la pared frontal, una pantalla proyectaba la imagen de un vasto y oscuro espacio salpicado por infinidad de estrellas.

En ese momento, el ruido de una chicharra molesta anunció un llamado desde la sala de máquinas.

“Adelante, Scotty”, urgió Kirk.

“Capitán, las máquinas ya han sido preparadas según las exigencias del ingeniero Kemra y estamos preparados para iniciar la prueba cuando usted guste”.

“Enterado”, respondió cortando la llamada. “Señor Chekov, ¿ha trazado una ruta de prueba segura?”.

“Afirmativo, Capitán”, respondió Chekov. “Estamos en órbita elíptica alrededor de la nebulosa Mirna VI. La ruta se encuentra libre de obstáculos y de tránsito interestelar”.

Kirk no disimuló una sonrisa. Estaba tan entusiasmado como los demás por la prueba a realizar. Sin más demora, dio la esperada orden. “Siendo así señores, pueden proceder”.

Las sirenas resonaron por los corredores de la nave espacial. Aunque no todos los tripulantes estaban al tanto de las pruebas, sabían que esas sirenas eran la señal para prepararse ante cualquier contingencia. Y cualquier contingencia a bordo de la Enterprise bien podía significar un ataque Klingon, el salto a una dimensión desconocida o algo peor. Todo el personal no requerido para la operación primaria de la nave suspendió sus actividades y buscaron refugio en los cuartos designados.

Los motores de la nave comenzaron a empujar y ganaban fuerza con cada minuto. Pronto quedaron atrás las marcas tradicionales de 1, 2 y hasta 3 warps, velocidades a la que solían viajar cuando saltaban de una misión de exploración a otra. Una leve vibración anunció pasados algunos minutos, que la barrera de los 6 warps acababa de ser superada. Hasta ahora, todo dentro de lo normal. La nave aguantaba sin reparo.

“¿Cómo va todo, Scotty?”, preguntó Kirk a través del intercomunicador en el brazo de su silla.

La respuesta fue casi inmediata: “Las modificaciones hechas al reactor se comportan según lo esperado, Capitán”, la voz que se escuchó en el pequeño parlante no tenía el marcado acento escoces del ingeniero Jefe. Tenía por el contrario, un acento neutro.Kirk la reconoció como la voz de Kemra. “El teniente Scott está corriendo ahora algunos programas de diagnóstico para compararlos con los míos, pero puedo anticiparle que de momento estamos un 15 por ciento por debajo del consumo estimado para la velocidad actual”.

“Esas son buenas noticias”, respondió y volviendo de nuevo la atención al frente, preguntó: “Señor Sulu, ¿velocidad?”.

“7.7 warps, Capitán. 7.8... 7.9, estamos acercándonos al límite”, dijo con emoción.

“Esta es la hora de la verdad”, pensó Kirk. Miró atrás a Spock, pero el Vulcano estaba concentrado corriendo sus propios test de diagnóstico. La mirada de Kirk no pasó sin embargo inadvertida para el Vulcano, quien comentó a la pregunta tácita de Kirk: “La estructura de la nave no presenta ningún síntoma de fatiga, Capitán. Podemos proseguir al siguiente nivel”.

“Que así sea”, respondió Kirk y así se lo hizo saber a los hombres en la sala de máquinas.

A la orden del Capitán, Kemra y Scotty activaron los hiperimpulsores, como gustaba de llamar Kemra a su modificación de los motores Warp. La vibración en la nave creció un poco pero luego se estabilizó. Todos los instrumentos reportaban normalidad mientras Sulu reportaba: “8.0... 8.1...”. Una sacudida un poco más violenta que las anteriores estremeció la nave conforme Sulu anunciaba casi extasiado: “9.2... 9.3.. ¡9.4 warps y continúa! ¡Esto es genial, Capitán!”.

Sin embargo, como era de esperarse, las manifestaciones de alegría fueron prematuras.

“¡Capitán!”, llamó alarmado Kemra. “¡Me temo que algo anda mal!”

Kirk no se mostró sorprendido en absoluto. Eso sí, si habían malas noticias, quería escucharlas de uno de sus hombres de confianza y no de un recién llegado, por bueno que fuera con las máquinas. Calmadamente respondió el llamado.

“Kemra, comuníqueme inmediatamente con Scotty”.

Unos segundos después, demasiados considerando la situación, la voz de Scotty se escuchó por el intercomunicador, tan alarmado como Kemra.

“Capitán, los niveles magnéticos del reactor están desbordados y si no los estabilizamos pronto, podríamos tener que expulsar el reactor antes que explote. Estamos haciendo lo posible para resolverlo pero dado que las máquinas nunca operaron bajo estos parámetros, no estamos seguros de que lo podamos lograr”.

“¿Cómo pudo pasar?”, Kirk estaba perturbado con la noticia, no resultaba alentador perder el reactor (de nuevo) y quedar a la deriva en el espacio. “Señor Spock, ¿alguna sugerencia?”

“Lo siento Capitán, las computadoras no registran ningún comportamiento anormal. No hay nada en estas lecturas que confirmen el reporte del ingeniero Jefe. Si hemos de creerle y no veo una razón para no hacerlo, diría que los algoritmos de computo han corrido fuera de stack al encontrarse con un entorno no previsto y que sus lecturas no son de fiar”.

“En otras palabras…”, apuro Kirk.

“Estamos por nuestra cuenta, Capitán”, fue la conclusión final de Spock.

“¡Capitán!”, bramó nuevamente la voz de Scotty por el intercomunicador. “Kemra y yo hemos evaluado la situación y creemos que si liberamos de golpe la energía excedente del reactor, aplicando la máxima velocidad, la carga magnética resultante contrarrestará la del reactor y podremos estabilizar los sistemas de la nave”.

“¿Pero?”, replicó Kirk, sabiendo que debía existir algún tipo de riesgo en tal acción o de lo contrario, Scottyno perdería tiempo con tanta charla.

“Pero en el proceso, la nave será impulsada a una velocidad que no podemos anticipar. Si hemos de creer a los modelos matemáticos que proyectan las simulaciones, podríamos salir del rumbo actual y llegar a cruzar la zona de frontera Klingon, al otro lado de la Galaxia”.

“¿Y en el peor escenario?”, preguntó impaciente.

“La nave podría deshacerse en pedazos ante la presión de las fuerza de empuje”, respondió Scotty con desazón.

El panorama no era muy alentador. Pero una decisión debía ser tomada y pronto. “Bueno belleza”, pensó, “somos hueso duro de roer. Confío en que podrás soportar la presión”. Acto seguido, ordenó: “Scotty, ¿estamos listos para proceder?”.

“Lo estamos, Capitán”, respondió el ingeniero Jefe con determinación.

“Entonces procedamos. Máxima potencia a los escudos deflectores. Señor Sulu y señor Chekov, máxima velocidad... y procuren mantenernos fuera de territorio enemigo”.

“Haremos lo que podamos, Capitán”, contestaron los navegantes y llevaron los marcadores de velocidad al punto más alto posible.

La nave expulsó con fuerza la energía almacenada y la explosión la empujó con tal violencia, que algunos objetos y tripulantes fueron a estrellarse contra los muros en dirección opuesta a la de avance. Los navegantes Sulu y Chekov luchaban con desespero por mantener la dirección de la nave. El indicador de velocidad estaba desbordado, los marcadores de posición quedaron en blanco, la pantalla frontal se fundió en un negro opaco sin estrellas y un continuo “beep” resonaba por todo el puente sin que nadie supiera exactamente de cuál de los sensores provenía.

La estructura de la nave se tensionó por completo, produciendo un sonido que semejaba un grito de agonía. “Aguanta, belleza, por favor”, pensó Kirk mientras apretaba los dientes y era presionado contra el espaldar de su silla.

El pánico se apoderó de los tripulantes y de no ser porque las fuerzas G producidas por la aceleración los sujetaron a las sillas, camas o paredes dejándolos inmóviles, habrían corrido despavoridos por los corredores de la nave buscando ayuda.

Luego de unos segundos que parecieron eternos, la velocidad comenzó a disminuir. Los instrumentos del puente de mando comenzaron a responder nuevamente y lentamente, la calma regresó a bordo de la Enterprise.Sólo la pantalla frontal del puente continuaba apagada.

“Reporte de situación”, ordenó Kirk en banda abierta a todas las estaciones.”¿Scotty?”.

La respuesta fue alentadora. “El reactor se ha estabilizado, Capitán. Kemra y yo vamos a correr algunas pruebas de diagnóstico para dar un reporte más preciso, pero sin duda, el peligro ha sido superado”.

“¿Spock?”

“La estructura de la nave está algo averiada, Capitán. Sin embargo, no es nada que algunos procesos manuales de reparación no puedan solucionar, al menos mientras regresamos a la Tierra o alguna estación cercana para una reparación completa”.

“¿Chekov?”

“Quisiera poder ser tan positivo como los demás, Capitán, pero ni Sulu ni yo podemos precisar nuestra posición. Tan seguro como que no estamos en una zona Klingon es que tampoco estamos en las cercanías de Mirna VI. Nuestros mapas estelares no parecen reconocer este sector”.

Y la situación estaba por complicarse un poco más.

“Estamos por debajo de la velocidad de impulso, Capitán”, reportó Sulu. Presionó algunos controles en su tablero de mando pero por su expresión, era obvio que no estaba obteniendo la respuesta que deseaba. “Y nuestra velocidad continúa bajando”.

“¡Capitán!”, interrumpió de nuevo Scotty por el intercomunicador. “Hemos perdido toda la potencia y las reservas de Deuterio que se supone debían alimentar el reactor durante los próximos quince años se han consumido en su totalidad. ¡No tenemos como impulsar la nave ni siquiera una micra con los residuos que quedaron!”

“¿Y nuestros escudos y armas?”, preguntó Kirk preocupado.

“Los sistemas de defensa están aparentemente intactos, Capitán. Lo corroboraré en un minuto...”

“¡Genial!”, pensó Kirk. “Esta vez parece que realmente hemos llegado donde ningún otro ser humano ha estado antes, con una nave en estado precario y a la deriva. ¿Qué más puede pasar?”

La respuesta vino de la teniente Uhura.

“Capitán, estoy recibiendo un mensaje. El idioma es desconocido. He intentado descifrarlo por contrastación con los dialectos registrados en nuestra base de datos y no he tenido suerte. Estoy probando con algunas variantes pero las combinaciones son casi infinitas y...”

“¿De dónde viene la comunicación?”, interrumpió Kirk.

“La fuente estará en pantalla... ahora”, anunció Uhura.

Todos dirigieron una atenta mirada a la pantalla frontal. Poco a poco el marco de visión antes apagado se llenó de un negro oscuro cubierto con infinidad de puntos luminosos, miles de estrellas, más que las que usualmente se observaban en esa pantalla. Al centro, las estrellas cedían espacio a una figura de bordes geométricos, triangulares en apariencia. Una nave espacial, como nunca antes habían visto. El puente parecía ser la construcción que sobresalía atrás en la popa, la parte más ancha de la nave, justo encima de unas enormes toberas. Según los cálculos de Spock, la longitud de “eso” perfectamente podría albergar al menos unas ocho naves como la Enterprise, algo que resultaba bastante impresionante.

“Capitán, los sensores muestran que esa nave tiene formas de vida a bordo. Casi tantos pasajeros como los de la Enterprise y de forma aparentemente humanoide. No parecen preocuparse por cubrir su nave para protegerla de nuestro escaneo y eso parece razonable”.

“Explíquese, señor Spock”, quiso saber Kirk, sabiendo de antemano que no iba a gustarle para nada la respuesta del Vulcano.

“Bien Capitán, basado en las lecturas que estoy recibiendo, puedo concluir con certeza que esa nave tiene tanta potencia de fuego en sus armas, que perfectamente podría considerársele un destructor de estrellas”.

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miércoles, 14 de enero de 2015

Estrellas en colisión

Esta es una historia de Fan-Fiction que escribí originalmente por allá en 1996 y que publiqué en la Web bajo el título Huyendo del Imperio, en la ahora extinta geocities.com (pueden googlearlo si quieren ver la versión original, todavía quedan copias por ahí flotando en la Web). Se trata de un homenaje a las que considero las dos mejores series de ficción fantástica y que por entonces estaban de aniversario: se cumplían los 30 años de STAR TREK y los 20 años de STAR WARS.


La historia parte de una sencilla premisa “¿Se han imaginado al Capitán James T. Kirk enfrentando los ejércitos imperiales de Darth Vader?”. Ahora, tantos años después, recupero para ustedes esta historia, con algunas correcciones menores, para recordar aquellos años donde todo era posible con un poco de imaginación.

Mañana publicaré el primer capítulo y en adelante, esperen un capítulo nuevo el miércoles de cada semana. ¡Prepárense para un viaje singular a la velocidad de la luz!

Star Trek es una marca registrada de Paramount Pictures. Star Wars es una marca registrada de Lucasfilm Ltd. Usadas sin permiso y sin ánimo de lucro.

Fotomontaje de David E. Duarte (1996)