Momentos-Banner

jueves, 31 de diciembre de 2015

Estrellas en Colisión - Guía de lectura

¡Los Universos de Star Wars y Star Trek colisionan en una aventura que se desarrolla a la velocidad de la Luz!

Fotomontaje de David E. Duarte (1996)

Presentación
  1. El destructor de Estrellas
  2. El sobreviviente de Yavin
  3. Confrontación en órbita
  4. Universos en colisión
  5. El visitante de otra galaxia
  6. En las garras del Imperio
  7. No es el Corelliano que buscaban
  8. Un día de suerte
  9. El juego del ratón
  10. El final está cerca
  11. Cazador y presa
  12. Emboscada
  13. Atando cabos sueltos
  14. Epilogo

Star Trek es una marca registrada de Paramount Pictures. Star Wars es una marca registrada de Lucasfilm Ltd. Todos los personajes y referencias (con excepción de aquellos creados especificamente para esta historia) son propiedad de Paramount Pictures y Lucasfilm Ltd. respectivamente. Ni el autor ni esta obra tienen relación alguna directa o indirecta con Paramount Pictures ni Lucasfilm Ltd. Esta obra se realiza con carácter de fan-fiction, sin ánimo de lucro. Aunque algunos de los eventos están inspirados en las series de televisión, video juegos y películas, esta historia en sí es un producto original que espero disfruten.

Estrellas en Colisión - Epilogo



Concluyó así ese extraño viaje a lo que podríamos llamar otro Universo. Tiempo después, cuando la Federación hubo establecido la paz con el pueblo Klingon, supe que ellos encontraron los restos de la nave que trajo a Kemra a nuestro Universo y que adaptaron sus hiperimpulsores en una de sus Aves de presa. De dicha nave no volvió a tenerse noticias y los Klingon creen que simplemente se destruyó al alcanzar una velocidad por encima del límite, razón por la que abandonaron su investigación. Nosotros sabemos que la nave sobrevivió, pero quizás nunca sepamos qué pasó con su tripulación. ¿Será posible que todavía sean prisioneros del Imperio? Quizás nunca lo sepamos con certeza, aunque he escuchado rumores no confirmados, de que luego de conocer sobre nuestra odisea, los Klingon podrían estar preparando una misión de rescate. ¿Será posible?

Como sea, a la fecha, nadie ha reportado tener una experiencia como la nuestra. Debo confesar, que luego de mis muchos años de viajes por este Universo, fue aquella la primera vez que realmente sentí que habíamos llegado adonde ningún ser humano ha estado antes.

¡Y cuán satisfecho me hace sentir eso!

(Tomado de las Crónicas de los viajes de James T. Kirk, publicado de forma póstuma luego de su misteriosa desaparición en el Nexus en 2294, durante el viaje inaugural de una nueva USS Enterprise).

* * *

A bordo del Superdestructor Executor, Darth Vader reflexiona. Sus pensamientos no tienen nada que ver con la destrucción del Terror durante un reciente Asalto Rebelde, en el que también se perdió el Centro de Investigaciones Imperiales en Imraad Alpha. Nada más ajeno a sus pensamientos que estos a los que consideraba, daños colaterales sin importancia. Lo que realmente le importaba, era la revelación que sustrajo de los recuerdos de Kemra sobre Luke, su hijo. Cuando compartió este hallazgo con el Emperador, consiguió el visto bueno que necesitaba para buscarlo por toda la Galaxia, usando los recursos que fueran necesarios. Otro se hubiera preocupado por ese repentino interés del Emperador en el linaje de los Skywalker, pero le resultaba sin cuidado los planes que el Emperador tuviera. Él tenía los suyos propios. Primero, se encargaría de esa víbora de Xizor y su agenda secreta, y luego…

”Cuando te encuentre, Luke, podremos derrocar al Emperador y regir juntos la Galaxia, ¡como padre e hijo!"

* * *

En Coruscant, el planeta que otrora fuera la sede de la Republica y que hoy es reconocido como la Capital del Imperio, el Emperador Palpatine desciende a las entrañas de un laboratorio secreto, donde personalmente supervisa las investigaciones allí realizadas. En una de las salas de investigación, un grupo de científicos ha realizado un hallazgo sorprendente. Después de mucho intentar, han conseguido reactivar la memoria protegida de un antiguo androide de protocolo, del que sólo conservan la cabeza y al que han podido identificar como D474.

“Interesante”, masculla Palpatine mientras observa e interpreta la información proyectada en la pantalla frente a él. “Si esto es cierto, existe todo un Universo allá afuera esperando. Si he de llevar orden y paz a esos mundos, necesitaré que el hijo de Anakin Skywalker se una al lado oscuro de la Fuerza, después de todo”.

« Anterior

Estrellas en Colisión - Capítulo 13

Atando cabos sueltos



La USS Enterprise entró al hiperespacio siguiendo la ruta previamente programada por Kemra en las computadoras de navegación. Igual que ocurriera durante el viaje de ida, los campos magnéticos resultantes amenazaron con desestabilizar el reactor, sólo que esta vez Scotty estaba preparado y rápidamente controló la situación, liberando de golpe la energía residual para conseguir el impulso necesario para ir más allá de los límites pre-establecidos. Los escudos deflectores estaban esforzándose al máximo para mantener la nave intacta.

“Aguanta, belleza, por favor”, pensó nuevamente Kirk, tendido en una de las camas de la enfermería.

Finalmente el impulso fue cediendo y la Enterprise comenzó a detenerse. Sin esperar por el permiso del doctor McCoy, Kirk abandonó la enfermería y fue directamente al puente de mando, donde reanudó sus labores como Capitán.

“Reporte nuestra posición, señor Chekov”, solicitó Kirk.

El teniente consultó sus instrumentos y comparó notas con Sulu antes de responder.

“Estamos cerca de la estación espacial Brasilia. Capitán, ¡regresamos!”.

Hubo manifestaciones de júbilo en el puente. Incluso Spock, que se mantenía siempre calmado, celebraba a su modo particular el regreso y aceptaba de buena gana el abrazo de Uhura. Kirk sonrió, era bueno estar de vuelta, lejos de aquel Imperio.

De pronto, la Enterprise se estremeció violentamente y varias de las luces de varias de las consolas en el puente comenzaron a titilar, como luces de Navidad. Algo había explotado, pero no era claro si había ocurrido adentro o afuera de la nave. Quizás ambas. ¿Habían sido impactados por algún torpedo? O ¿acaso las máquinas habían reventado por cuenta de la presión del viaje?

“Spock, ¿qué acaba de ocurrir?”, preguntó preocupado.

“Perdemos potencia rápidamente, Capitán. Aparentemente tuvimos una explosión en la sala de máquinas, pero no puedo determinar la causa. No consigo obtener respuesta alguna de Scott”.

Kirk abandonó el puente de mando y subió al ascensor. Se desplazó luego por la cubierta de acceso a la sala de máquinas y al llegar, el caos que encontró confirmaba el reporte de explosión. Algunos técnicos con heridas leves eran llevados por sus compañeros a la enfermería, mientras otros contenían pequeños focos de incendios. Al fondo, en el lugar donde el reactor debía estar, encontró los restos humeantes de los instrumentos usados para controlar los impulsores y un gran vacío detrás de ellos. El reactor no estaba, había sido expulsado de la nave. Sentado frente a aquel vacío, estaba el ingeniero en Jefe Montgomery Scott, que contemplaba el escenario con la mirada perdida, confundido.

“Scotty... ¿qué ha ocurrido?”, le preguntó Kirk, inclinándose junto a él.

“Capitán, yo… Es algo que tenía que hacer en cuanto regresamos a nuestro Universo. La tecnología de estos motores no era segura, no estábamos listos… o eso creía. Ahora, no lo sé…”

“Scotty, ¿qué pasó con el reactor modificado?”, preguntó de nuevo Kirk, desconcertado.

“Yo… Creo que lo destruí”.

* * *

Los técnicos imperiales que consiguieron estabilizar el reactor del Avenger sin duda merecen una condecoración por la labor desempeñada. Su logro no fue una tarea fácil en las condiciones en que trabajaron, cualquier reconocimiento sería poco. Desafortunadamente, una cosa era estabilizar el núcleo del reactor para evitar que se convirtiera en una nova miniatura y otra muy diferente, conseguir que de nuevo operara normalmente, de forma que muchos de los sistemas de sustentación del Destructor comenzaron a fallar. Sin los medios para sostenerse por si mismo, el Avenger comenzó un rápido descenso hacia el planeta Imraad, atraído por su gravedad.

Con una dificil maniobra debido a los daños recibidos, el Superdestructor Terror activó su rayo tractor y atrapó con él la estructura del Destructor Avenger, evitando lo que parecía ser una muerte segura para los 1000 de los poco más de 1500 tripulantes entre operadores, técnicos, androides, pilotos y soldados que todavía no habían podido evacuar la nave.

Unas horas después, cuando la situación estuvo bajo control y las máquinas del Avenger fueron reparadas en su totalidad, Darth Vader tuvo una rápida plática con Needa.

“Usted me ha fallado, Capitán”, le dijo. “La tecnología en teletransportación de esa nave habría significado una gran adquisición para el Imperio. Por otra parte, sus hombres en Imraad no pudieron evitar el sabotaje a la estación y eso podría poner en peligro la investigación que allí se adelantaba”. Needa tragó saliva mientras mantenía su cabeza en alto y sus ojos fijos en la oscura máscara de Darth Vader. Temía lo peor. “Agradezca que fue precisamente usted quien me encontró y que gracias a su oportuna gestión, pude curar mis heridas, de lo contrario…”. Hizo una pausa dramática que Needa supo comprender perfectamente y que agradeció con una reverencia. “Esta es una carta que sólo podrá jugar una vez, Capitán Needa. No me falle de nuevo”.

Con esto, Vader dio por terminada la conferencia y se retiró. Desde el puente de mando del Avenger, Needa observó el TIE de Vader dirigirse hacia el Superdestructor y dió un respiro de tranquilidad. Había sobrevivido al juicio del señor del Sith y estaba feliz por eso. Tanto, que cuando su nuevo primer Oficial se acercó, todavía estaba sonriendo.

“Reporte del escuadrón que perseguía a la nave Corelliana que escapó de la base en Imraad, Capitán”, dijo el primer Oficial luego de saludar. “Los TIEs le dieron cacería y la abordaron cerca al planeta Dreighton. Su piloto opuso resistencia y murió en el enfrentamiento”.

“Lo importante era que la información que ese contrabandista Corelliano llevaba consigo no llegara a la Alianza Rebelde”, comentó Needa, conservando todavía su recién adquirido buen humor. “¿Algo más?”

“Si señor”, respondió prontamente el primer Oficial. “Durante el viaje de regreso, los caza se toparon con una escuadra de alas-X rebeldes que patrullaban la zona. Los TIEs iban equipados con la nueva tecnología furtiva que adaptamos de la nave alienígena que fue robada de la base y la probaron con éxito en combate. Esos rebeldes no tuvieron oportunidad alguna, señor”.

“¡Excelente! Así que no todo fue un fracaso”, dijo Needa. “Parece que estos TIEs Fantasma todavía pueden ser el arma definitiva del Imperio en contra de la Alianza Rebelde”.

Ya el primer Oficial se retiraba, cuando Needa recordó algo y le detuvo.

“¿Qué fue de los restos del androide de protocolo que acompañaba a los prisioneros?”, preguntó.

“Sus restos fueron enviados a Coruscant por solicitud de Lord Vader, señor”.

* * *

Kirk se detuvo fuera de uno de los cuartos de reposo de la estación Prometeo II. Anunció su presencia y procedió a ingresar al cuarto en cuanto recibió aprobación. Adentro, una enfermera terminaba algunos exámenes médicos de control al teniente Scott. Cuando la enfermera se hubo retirado, Kirk se acercó.

“Scotty, ¿por qué borraste de las computadoras los diseños de Kemra y destruiste el reactor?”, preguntó.

Scotty bajó su mirada apenado. Había tenido dudas respecto al porqué de su comportamiento, pero durante la convalecencia, esas dudas poco a poco fueron resolviéndose conforme sus recuerdos se tornaban más claros.

“Estoy casi seguro que fue cosa de Kemra, Capitán. De alguna forma uso esa técnica Jedi para hacerme pensar que lo mejor para todos era destruir su investigación. Yo me siento muy apenado por esto, Capitán".

“Entiendo. Yo fui testigo de primera mano de lo que Kemra era capaz de hacer”. Kirk le dio unas palmadas en el hombro y se despidió. “Descansa, Scotty. Me aseguraré que la Federación no te levante cargos por esto”.

Al salir, Kirk aceptó de mala gana que quizás Kemra obró de forma acertada. Históricamente, la humanidad había usado todo invento científico para fines poco o nada altruistas y aunque las cosas habían cambiado un poco en el último siglo, los viejos hábitos son difíciles de erradicar, así que para qué arriesgarse.

“Donde quiera que estés ahora, Kemra… que la Fuerza te acompañe”, suspiró.

« Anterior Continuará...

domingo, 27 de diciembre de 2015

Estrellas en Colisión - Capítulo 12

Emboscada



Kirk ingresó al puente de mando de la Enterprise, seguido por Sulu y Spock.

“Scott se transportó hace unos minutos desde una nave Klingon, señor”, reportó Uhura. “Trajo consigo lo necesario para reparar los motores y ya tiene a su equipo trabajando en ello”.

“Señor, permítame regresarle el mando de la nave”, dijo Sulu, invitándole con un gesto a acomodarse de nuevo en la silla del Capitán.

“Gracias, señor Sulu. Siempre es bueno estar de vuelta”.

Cumplida su misión, Sulu regresó al lugar donde realmente se sentía cómodo, frente a la consola de navegación de la Enterprise.

“Capitán”, dijo Spock llamando la atención de Kirk. “No veo registro del abordaje de Kemra”.

“Eso es porque permanece todavía abordo de la nave Klingon”, respondió Uhura. “Según informó, la nave no está en condiciones de realizar un salto al hiperespacio, así que va a detonarla para que su tecnología de camuflaje no pueda ser usada por el Imperio”.

“Es una lástima, nosotros también podríamos aprovechar esa tecnología. Pero tiene razón, es mejor no correr riesgos”, acotó Kirk.

Repentinamente, las máquinas de propulsión de la Enterprise ronronearon, haciendo vibrar toda la estructura de la nave. La potencia del reactor, amplificado por las modificaciones de Kemra, se hicieron sentir con fuerza. En contraste, era casi imperceptible la vibración producida por los viejos reactores materia/antimateria, usados para alimentar los escudos y las armas de la nave. El intercomunicador anunció casi de inmediato una llamada de Scott, quien dejó constancia explicita de que las reparaciones habían concluido con éxito.

“¡Gracias, Scotty!”, respondió Kirk al escuchar su reporte. “Señor Sulu, gire la nave de cara al espacio abierto... Uhura, póngase en contacto con Kemra y dígale que regrese. Es hora de volver a casa”.

La maniobra no pasó desapercibida para la tripulación del Avenger. Needa, que continuaba de frente a una de las ventanas del puente, fue de los primeros en percibir el movimiento en la nave intrusa.

“Que los artilleros se preparen”, ordenó. “Si intentan escapar, van a llevarse una gran desilusión”.

Concentrado en impartir órdenes a la tripulación, Needa no escuchó los pasos que se acercaban, pero el resoplar producido por la respiración forzada a través de su máscara, delató la presencia de Darth Vader a sus espaldas.

“Que nadie abra fuego”, fue la contraorden de Vader. Needa quiso protestar, pero no se atrevió. No tenía las agallas para hacerlo. Nadie en el Imperio, aparte del Emperador, podría esperar seguir viviendo luego de protestar una orden suya.

“Sus armas están apuntándonos”, informó Spock. “Sin embargo, no parecen tener intención de disparar, Capitán”.

“Algo se proponen, pero con otra poca de suerte, estaremos lejos para cuando lo hagan. Uhura, ¿ya está a bordo Kemra?”

“¡Capitán!”, exclamó Chekov antes que Uhura pudiera responder. “¿Es real esa cosa?”

Todos en el puente miraron hacia la pantalla frontal. Afuera, podían verse estrellas, aunque no tantas como antes. La mayor parte del panorama era opacado por la presencia de un objeto recién salido del hiperespacio, una nave tan grande que hacía ver al Destructor Estelar a sus espaldas como un obstáculo insignificante. A bordo del Ave de presa Klingon, Kemra no pudo disimular su sorpresa.

“¡Un Superdestructor Estelar!”, exclamó.

Las alarmas de la Enterprise ordenaban a cada oficial y civil abordo adoptar posiciones “seguras”, lo cual significaba, que todo aquel prescindible para la operación de la nave debía acudir a la habitación refugio más cercana y esperar el desenlace, cualquiera que fuera.

“De la vuelta, señor Sulu”, ordenó Kirk.

“Pero Capitán, el Destructor nos obstruye el paso”, replicó el teniente.

“Lo sé”, respondió. “Pero tendremos más oportunidad enfrentándolo, que batiéndonos contra esa monstruosidad de acorazado”.

Una llamada desde la nave Klingon fue anunciada por Uhura. La imagen de Kemra se proyectó en la pantalla frontal. Se le veía calmado, como de costumbre.

“Capitán, un duelo con cualquiera de ellos resultaría mortal para la nave. ¿Tiene los planos del Destructor, tal como acordamos? Si es así, quizás podamos intentar algo diferente. Como un amigo mío solía decir: existen otras alternativas”.

Una caja metálica se materializó cerca de los estabilizadores del reactor que alimentaba los poderosos motores del Destructor Estelar Avenger. Su contenido era el núcleo de un torpedo de protones de baja intensidad, modificado de forma improvisada con un temporizador ajustado a unos cuantos segundos. En cuanto el conteo llegó a ceros, el artefacto detonó. El daño causado por la explosión hizo que el reactor rápidamente alcanzara masa crítica y amenazara con destruirse. Las alarmas de evacuación no se hicieron esperar y el pánico cundió en toda la nave.

“¡Maldición!”, exclamó Needa. No podía creer que esto estuviera sucediendo. ¿Cómo era posible que las cosas se estuvieran saliendo de control tan rápido? Dio instrucciones de evacuar a todo el personal que no fuera requerido para contener la situación.

“Que todos desocupen el puente de mando, Capitán. Acompañe a los técnicos y asegúrese que reparen ese reactor”, ordenó Vader serenamente, sin dar señales de planear moverse de su sitio.

“Como usted ordene, Lord Vader”, fue la sumisa respuesta de Needa, aceptada esta vez sin reparos. Hizo un gesto a los hombres en el puente y salió junto con ellos. “No voy a perder esta nave”, se dijo.

Alertados por la inesperada secuencia de eventos, los cañones del Superdestructor fueron apuntados hacia la Enterprise. La potencia de fuego combinada de esos cañones sobradamente podría vaporizar la nave, pero no tuvieron tal oportunidad. Ninguno de sus sensores pudo detectar el camuflaje de la nave Klingon, que invisible a los ojos de humanos y maquinas, se posicionó de forma estratégica cerca de las gigantescas toberas del Superdestructor. Antes de teletransportarse, Kemra la programó para acercarse aún más antes de autodestruirse. La explosión sirvió para desestabilizar la nave, de forma que les hizo imposible a sus pilotos el poder maniobrarla de forma efectiva durante varios minutos, reduciendo su efectividad para restringir el escape de la nave alienígena que flotaba entre ellos y el Destructor Avenger.

La Enterprise tenía ahora vía libre para escapar.

“Buen trabajo. Señor Sulu, ¡vamos a casa!”, ordenó Kirk.

“Un momento Capitán”, dijo Spock con un dejo de alerta en su voz, algo poco común en un vulcano. “Los sensores registraron actividad de los tubos de teletransporte de la nave Klingon, pero me temo que Kemra no se encuentra a bordo de la Enterprise”.

“Que no…”, Kirk no podía salir de su asombro. “Si no está aquí, ¿a dónde diablos se teletransportó?”

Kemra no conseguía acostumbrarse al cosquilleo en manos y plantas de los pies, como tampoco a la sensación de nausea causada por la desorientación momentánea de los sentidos luego del viaje de sus moléculas a través del vacío del espacio. En cuanto se hubo materializado, busco entre sus ropajes y sacó de ellos un tubo metálico. Lo había llevado consigo todo el tiempo y se las amañó para no perderlo mientras estuvieron en Imraad. Una que otra vez estuvo tentado a usarlo, pero decidió que era mejor mantenerlo como una última opción. Esta era esa “última” opción.

“La Fuerza está contigo, Kemra. Aún después de tantos años, todavía te acompaña”, escuchó decir a una voz artificial, proyectada desde el fondo del puente de mando. “Te creí muerto hace mucho. Dime, ¿por qué has regresado?”

Kemra caminó hacia el lugar de donde venía la voz. Vio una silueta enorme y luego un haz de luz rojo que se proyectó desde su mano derecha, era un sable de luz, el arma tradicional de los Jedi y los Sith.

“He venido a poner fin a tu reinado del terror, Anakin”, respondió Kemra. Había sentido el llamado y había acudido. Estaba cansado de huir, iba por fin a confrontar a su antiguo compañero de armas. Accionó un control en el tubo metálico que portaba y un haz de luz azul claro surgió de él. Por vez primera en muchos años, su sable de luz cobraba vida. Adoptó su posición de defensa y esperó.

“Anakin murió en Mustafar. Obi-wan lo asesinó. Ahora sólo queda Darth Vader”, replicó el señor del Sith, avanzando amenazante.

Los sables de luz chocaron y destellos de luz salpicaron el piso del puente de mando. Kemra fue quien avanzó a la ofensiva y Vader se limitó a rechazar sus embestidas, una y otra vez. Por un breve instante, Kemra creyó tener una oportunidad, pero se dio cuenta tarde de su error. Estaba demasiado viejo y fuera de forma y su sentido común se vio nublado por la euforia del éxito de su reciente incursión en Imraad. Viejo tonto, no era rival para Vader, ahora lo sabía. Ahora era él quien difícilmente conseguía rechazar sus embestidas.

“Este es el final de tu camino, Kemra. Y tu destino será morir en mis manos, de la misma forma en que murió Obi-Wan”, se jactó Vader.

Aquella sorpresiva revelación hizo que Kemra se congelara y descuidara sus bloqueos mentales, permitiendo que sus memorias inundaran su mente con los recuerdos de aquella última vez, que estuvo con su buen amigo, Obi-wan…

“El pequeño Luke es nuestra última esperanza. Si el emperador se entera de su existencia antes de que esté listo para enfrentarlo, todo estará perdido”, escuchó decir a Obi-wan. “Por favor Allec, olvida todo sobre ese niño. Olvida todo sobre el hijo de Anakin Skywalker…”

“¡Mi hijo!”, exclamó Darth Vader con sorpresa. Al igual que Kemra antes, Vader se congeló. Palpatine le había dicho que su hijo y su esposa habían muerto. El muy maldito le había mentido. Obi-wan le había mentido. Su hijo había sobrevivido y ahora le quedaba muy claro todo. Aquel piloto en la Estrella de la Muerte, el que escapó de sus garras, el que tuvo la Fuerza a su favor, tenía que ser él. Aquel piloto no podía ser otro que su hijo… Luke Skywalker.

Kemra reparó en lo estúpido que había sido al dejar que sus pensamientos y emociones de pena y dolor lo traicionaran. Sin proponérselo, acababa de revelar un secreto que había jurado llevar consigo a la tumba. “Maldita sea”, fue lo único que atinó decir.

Se lanzó furioso contra Vader. Nuevamente las espadas láser chocaron y fuertes destellos se produjeron. Se movieron por los corredores del puente, esquivando, arremetiendo, enzarzados en una danza mortal que se cambiaba levemente la coreografía al vaivén del escenario. Bajo circunstancias normales, Kemra no habría sido rival para Vader, pero el poco tiempo tomado por el señor del Sith para su recuperación compensaba la diferencia de edades, emparejando un poco la pelea. Sólo un poco.

Ayudado por sus poderes, Vader empujó al viejo Jedi y lanzó una estocada que consiguió herirlo en un costado, haciéndolo caer. Finalmente, Kemra estaba a merced de Vader, no quedaba más que esperar el golpe final.

“Ahora por fin, la purga será completa”, dijo Vader, sosteniendo su sable de luz frente al rostro de Kemra. “Con tu muerte, la orden de los Caballeros Jedi finalmente desaparecerá y quedará condenada al olvido eterno”.

Vader levantó el sable con sus dos manos, dispuesto a asestar el golpe fatal con todo su poder. Nada más importaba. Tan confiado estaba, que no prestó atención a una ligera perturbación producida por la materialización de un puñado de electrones que dieron forma a una figura humana. El desconocido disparó su arma y Vader tuvo que cambiar su ataque a mitad de camino para desviar el laser con su sable de luz. Ese momento de distracción fue aprovechado por Kemra, quien canalizó la Fuerza en un empujón que envió al señor del Sith a varios metros de distancia, golpeándolo contra un tablero de comandos que se hizo añicos con el impacto.

“¡Kemra!”, dijo Kirk mientras ayudaba a levantar al viejo jedi. “No sé qué está pasando aquí, ¡pero nos regresamos ahora mismo!”.

“Capitán, no debió venir por mí. Es demasiado arriesgado…”, dijo Kemra con la voz apagada. La herida causada por el sable de luz era bastante profunda.

“¡Tonterías!”, replicó Kirk sosteniéndolo con un brazo. “Eres un miembro más de mi tripulación, Allec. No nos iremos sin ti”. Activo su intercomunicador y ordenó: “¡Transpórtenos!”

Los dos comenzaron a energizarse. Pero entonces, algo ocurrió. Un dolor como nunca antes había sentido, hizo que Kirk dejara escapar un grito de agonía. Sintió su cuerpo desmembrarse conforme sus moléculas eran jaladas por los sistemas de teletransporte de la Enterprise, mientras al mismo tiempo eran jalonadas hacia el puente de mando por Darth Vader, quien haciendo uso de la Fuerza, les impedía escapar.

“Lo siento, Capitán. Pero me temo que no podré hacer el viaje de regreso con ustedes”, murmuró Kemra. “Larga vida y prosperidad”.

El viejo Jedi hizo un ademán y con ayuda de la Fuerza, consiguió apartarse del chorro de electrones que formaban el túnel por el que debían viajar hasta la Enterprise. Se puso de pie, levantó su sable de luz y esperó por Vader. El señor del Sith liberó su agarre sobre el otro invasor y de un salto, alcanzó a Kemra con su sable. Fue todo.

En la sala de transporte de la Enterprise, un adolorido James Kirk finalmente se materializó.

“Jim, ¿estás bien?”, preguntó Spock.

Lamentablemente, el Capitán estaba casi en shock. Atendiendo al llamado de Spock, McCoy llegó en la sala y lo revisó. Inmediatamente ordenó llevarlo a la enfermería. Era la primera vez que veían algo como esto pasar. En los tubos de teletransporte estaban apareciendo Kirk y Kemra y de pronto, se quedaron allí, suspendidos a medio materializar. Todos en la sala escucharon al Capitán gritar de dolor, así como las palabras de Kemra. Al igual que antes, Spock solicitó que escanearan el puente de mando del Destructor pero esta vez, las lecturas de los sensores no dieron buenas noticias. No había señales de vida de Kemra.

“Señor Spock, sé que no necesito recordárselo, pero de acuerdo al reglamento de la Federación, si el Capitán de la nave queda incapacitado para dirigir, el Primer Oficial debe tomar el mando”, dijo Uhura por el intercomunicador. “¿Qué ordena, Capitán?”

Mientras los técnicos imperiales le daban al Capitán Needa la buena noticia de que el daño del reactor estaba bajo control, el Avenger se estremeció una vez más. Esta vez, la fuerte vibración fue causada por la turbulencia producida por la Enterprise al pasar a su lado a alta velocidad. Inmediatamente, Needa ordenó a los técnicos rastrear la nave, pero todo esfuerzo resultó inútil.

La nave había entrado al hiperespacio… o más allá.