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miércoles, 15 de agosto de 2012

El niño que aprendió a volar - Guía de lectura

Una perspectiva propia sobre los primeros años de Clark Kent en Smallville.

Poster de Ken Taylor inspirado en la película Man of Steel

Presentación
  1. Juego de niños
  2. Culpa ciega y sorda
  3. En sala de urgencias
  4. Mentiras, secretos y verdades
  5. Meditando por lo alto
  6. Dos buenos amigos
  7. Sorpresa en el granero
  8. Sin palabras
  9. Interludio en el mañana
  10. A que te cojo ratón
  11. El hombre volador
  12. Hombre caído
  13. Una voz de aliento
  14. Arriba, arriba y a volar
  15. Epílogo

Superman, Clark Kent y demás personajes (con excepción de aquellos creados especificamente para esta historia), son propiedad de DC Comics. Ni el autor ni esta obra tienen relación alguna directa o indirecta con DC Comics. Esta obra se realiza con carácter de fan-fiction, sin ánimo de lucro. Aunque algunos de los eventos están inspirados en series de televisión, películas y más que nada en los cómics, esta historia en sí es un producto original que espero disfruten.

miércoles, 8 de agosto de 2012

El niño que aprendió a volar - Epilogo

Lentamente, Clark abrió los ojos. La luz que bañaba el lugar era tan intensa que lastimaba su retina o al menos esa era la impresión que causaba. De a poco la intensidad bajó hasta hacer el lugar visible, fue entonces que se dio cuenta que la iluminación a su alrededor era la normal, eran sus ojos los que estaban un poco sensibles. Desorientado, tardó unos segundos en reconocer la alcoba de descanso de su Fortaleza de cristal. Tambaleó con los primeros pasos que dio para salir de la cama y luego de ponerse su uniforme azul con el escudo pentagonal en el pecho, fue hasta la sala de controles.

, dijo en su cabeza la voz de Imra, quien lo esperaba en la sala.

, preguntó, todavía mareado.

.

Imra se puso de pie y seguida por Clark, comenzó a caminar por un pasillo a la derecha, que conectaba con un amplio salón de exhibiciones en medio del cual estaba estacionada su capsula del tiempo.

.



Clark la miró a los ojos y le contestó sin mover los labios, usando el mismo canal telepático por el que ella le hablaba, una técnica que con los años que llevaban de conocidos, había aprendido a dominar.

. Clark contuvo un sollozo y aceptó con agrado el abrazo de su amiga del mañana. .

, contestó Imra con absoluta certeza. .

Clark no estaba decepcionado pero no sorprendido. En su larga carrera se había topado con situaciones similares y sabía que las respuestas rara vez eran servidas en bandeja de plata.

Con un beso en la mejilla se despidió de Imra, quien usó su capsula del tiempo para regresar a su propia época. Luego, preparó algunos soportes para las mentiras blancas que iba a tener que dar para justificar su ausencia en el trabajo. Antes de salir, recordó con nostalgia aquella noche en que se vio a si mismo volando sobre los cielos de Smallville y como de niño, soñaba con poder volar como aquel hombre misterioso. Sonrió, ajustó la capa roja a su cuello y de un salto abandonó su Fortaleza en el ártico. En pocos minutos recorrió la enorme distancia que lo separaba de su querida Metrópolis, en la costa Este norteamericana.

Si, definitivamente había aprendido a volar.

Capítulo anterior: Arriba, arriba y a volar

miércoles, 1 de agosto de 2012

El niño que aprendió a volar - Capítulo 14

Arriba, arriba y a volar

La mañana siguiente, Jonathan llevó a Clark a la escuela. En el desayuno, Martha les sobre la mujer rubia en uniforme rosa y blanco que se presentó en el granero la noche anterior y que desapareció junto con la misteriosa esfera. Cuando el niño preguntó por la otra nave espacial, Jonathan se apresuró a contestar que , algo que sorprendió incluso a Martha.

En la escuela, Clark se reunió de nuevo con sus amigos y lo primero que hizo fue disculparse con Pete por haberlo lesionado. El peli-mono le restó importancia al asunto, le extendió un marcador y le indicó que pusiera su marca en el yeso de su brazo. Como Clark no dejaba de reprocharse y disculparse con él, le replicó con una sonrisa:

. Clark quedó confundido, sólo comprendió a qué se refería su amigo cuando, antes de iniciar clase, la profesora les presentó a una nueva estudiante, una pequeña de cabellos claros de nombre Chloe.

El resto de la jornada transcurrió sin mayores tropiezos, incluso el pesado de Brad pareció guardar distancia ese día. La única novedad notable, a falta de cualquier otra de mayor relevancia, corrió por cuenta de un ligero mareo que experimentó cuando estuvo compartiendo durante el descanso con su amigo Kenny Braverman. Por demás, todo bien.

Ya cerca del mediodía, su padre pasó a recogerlo en la camioneta y no encontró objeción a la petición de llevar con ellos a Lana. Jonathan condujo hasta la casa de la pelirroja, allí los niños se despidieron y Jonathan creyó ver entre ellos una chispa naciente, tímida, de algo más que una mera amistad.

En la verja de la entrada, a unos metros de la casa, Clark le confesó a su padre sus temores respecto a los cambios en su fuerza, su asombrosa capacidad de recuperación y la agudeza de sus sentidos, de la que Jonathan recién se enteraba, aunque se guardó el contar sobre la conversación que les escuchó el día anterior. También se sinceró sobre los sentimientos de culpa que lo agobiaban por lo ocurrido con Pete. Jonathan se estacionó.



, le interrumpió Clark, asustado por lo que estaba por preguntar a continuación.

Jonathan lo abrazó. Si le hubiera preguntado eso ayer, casi con seguridad, habría respondido para sus adentros . Ahora pensaba diferente, ya no tenía ese miedo. La noche anterior había echado un vistazo al mañana y aunque le preocupaba un poco (como a todo padre) la magnitud de los retos que alguien con sus capacidades tendría que enfrentar, estaba convencido que su pequeño no era un monstruo mutante, aunque no estaba tan seguro respecto a que viniera o no del espacio.

, respondió finalmente.

Clark asintió. En cuanto llegaron a la casa y hubieron almorzado, Clark se amarró una toalla rojiza al cuello y salió corriendo gritando .

, preguntó Martha desde el portón de la casa, mientras observaba a su hijo correr hacia el campo cosechado.

, contestó su esposo, notoriamente alegre, contagiado de seguro por el entusiasmo de su hijo.

. Ella le abrazó.

, respondió Jonathan. El infarto de la otra noche era una señal clara de que no debía tomar a la ligera su corazón.



Jonathan silenció a su esposa y le hizo señas de que Clark podría oírlos. Ella obedeció y no dijo más. Mas tarde, Jonathan le contaría como después de regresar de dejar a Clark en la escuela y subir la nave espacial a la parte de atrás de la camioneta, se la llevó a las montañas, cerca de donde suele acampar con Clark y allí la enterró. Lo hizo no solo para evitar que su hijo la viera, sino también como precaución para evitar atraer a su casa a sujetos como el de la otra noche.

Jonathan caminó hacia el campo, observando al pequeño correr con los brazos extendidos, simulando un planeador. Clark se sentía más enérgico que nunca, pensando en las posibilidades, las infinitas posibilidades del mañana y soñando con que un día ojalá no muy lejano, pudiera surcar los cielos, tal como el misterioso hombre volador con capa que los salvó a él y a su padre.

En la casa, un solitario televisor mostraba un aburrido presentador de noticias comentar las varias consecuencias menores del fenómeno de manchas solares que ha experimentado el Sol por estos días. Nada realmente relevante.

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Capítulo anterior: Una voz de aliento