Momentos-Banner

miércoles, 25 de julio de 2012

El niño que aprendió a volar - Capítulo 13

Una voz de aliento

, llamó Clark con urgencia.

Martha se mostró renuente ante tal propuesta y la verdad es que para Jonathan tampoco resultaba una idea muy atractiva. No era sólo porque todavía se sentía convaleciente, se trataba de personas con habilidades superiores a las de cualquier mortal que conocía, ¿qué podían ellos hacer, como no fuera estorbar? Sin embargo, antes que pudieran debatirlo y sin previo aviso, el pequeño Clark se desmayó. Martha reaccionó de inmediato, lo tomó en sus brazos y entró en la casa. Jonathan los siguió, con algo de esfuerzo. Su corazón había sido reparado y latía de nuevo, pero le tomaría tiempo sanar del todo, si es que alguna vez lo hacía.

En medio del maizal, el hombre volador se retorcía del dolor mientras luchaba por mantener unida cada molécula de su cuerpo. Black Mace tenía una expresión de satisfacción en su rostro. Iba finalmente a hacerse con la victoria sin siquiera usar su mazo.

. El hombre replicó con apenas un susurro, pronunciando unas cuantas palabras que Black Mace no pudo comprender. , contestó con mofa.

, escuchó decir a la mujer que estaba de pie frente a él. Imra tenía un hilo delgado de sangre saliendo de su nariz, una manifestación del esfuerzo que debió realizar para resistir con sus poderes mentales el abuso físico al que fue sometida momentos antes. Se limpió aquella sangre con la manga de su uniforme, dejando ver un objeto metálico que sostenía en la mano. Black Mace reconoció la diadema y no ocultó su horror cuando la escuchó hablar de nuevo, sin mover los labios.

Con un esfuerzo menor al necesario para pestañear o espantar un mosquito, Imra golpeó síquicamente a Black Mace, induciéndole un coma que lo hizo caer pesadamente a tierra. En palabras del propio Mace, lo apagó.

Sin perder tiempo, Imra envió un comando mental a su anillo de la Legión, que transmitió a su vez una señal electrónica a un receptor parqueado en medio del campo, fuera de la vista de cualquiera. En respuesta, la capsula de tiempo en que viajaron vino a ellos. Usando su telequinesis, ya que no cabía lugar a dudas que de intentarlo usando su fuerza física le sería imposible, levantó el cuerpo de su amigo y lo depósito con cuidado dentro de la capsula. Acto seguido entró y salió. La puerta de la capsula del tiempo se cerró y sin más, desapareció.

Con ayuda de su anillo, Imra voló hasta el granero usando su telequinesis para llevar consigo el cuerpo inconsciente de Black Mace. No vio a los Kent, parecía que estaban ocupados dentro en la casa. Aprovecho para dejar a Black Mace dentro de la capsula y comenzar a programar la computadora de abordo para regresar a su propia era. Cuando todo estuvo listo para partir, una voz la llamó. Ella salió de la capsula. Era Martha.

, le preguntó la preocupada madre.

Imra era madre de dos pequeños y podía entender su angustia. Bajó a su lado, la tomó de las manos y le respondió usando su propia voz y no su telepatía, para no alterarla más de lo que ya estaba.

. Aunque a la fecha no había ocurrido, ella se había encontrado con Martha antes, a una edad donde no alcanzaba a comprender ciertas cosas como ahora lo hacía. Por eso, la abrazó y con lagrimas en los ojos, dijo: .

Luego, se apartó y entró en la capsula para desaparecer junto con ella.

Martha se quedó a solas en el granero, agradecida por las palabras de aquella mujer. Antes de regresar a la casa, donde Jonathan y un recién reanimado Clark la esperaban, miró a su alrededor, al desorden y destrucción que allí quedaba. Habría mucho que hacer en la mañana, especialmente en lo concerniente al cuarto oculto del piso, donde estaba aquello. Se acercó y contempló de nuevo esa especie de cohete espacial donde una tarde, ocho años atrás, habían encontrado al pequeño Clark. Ahí confirmó que sus ojos no le habían engañado antes, cuando creyó reconocer a aquel hombre volador. Precisamente allí, en ese cohete, estaba la prueba. Grabado en su parte frontal, resaltaba un escudo pentagonal con algo que podría describirse como una estilizada. Era el mismo escudo que llevaba como insignia en su pecho aquel misterioso hombre volador.

Capítulo siguiente: Arriba, arriba y a volar
Capítulo anterior: Hombre caído

jueves, 19 de julio de 2012

El niño que aprendió a volar - Capítulo 12

Hombre caído

El hombre volador atrapó el cuerpo de Jonathan antes que golpeara el suelo. Clark y Martha se abalanzaron sobre ellos, gritando desesperados. El hombre volador sabía que hacer, qué decir. Lo había sabido durante los últimos veinte años.

.

Con mucho cuidado, aquel desconocido acostó a Jonathan en el suelo y concentró su mirada en el pecho del granjero. Martha no comprendía qué ocurría, pero Clark si podía verlo con sus sentidos agudizados, así no pudiera comprenderlo. De aquellos ojos azules se proyectaban dos líneas de energía que atravesaban el cuerpo de Jonathan, calentando puntos clave de su corazón, más específicamente, las junturas de las arterias coronarias, cauterizando lenta pero seguramente, las rupturas que produjeron la obstrucción que desencadenó aquel infarto. Terminado aquel procedimiento quirúrgico, el hombre le dio respiración boca a boca y alternadamente posó la palma de su mano sobre el pecho de Jonathan, presionando tres veces. Repitió e l procedimiento un par de veces más, hasta cuando Clark escuchó palpitar el corazón de su padre. Una sonrisa apareció en los labios del niño y de su madre, cuando vieron a Jonathan respirar de nuevo y abrir perezosamente los ojos.

Martha se arrodilló al lado de su esposo y lo abrazó. Clark se unió a ellos y los ojos del hombre volador se enlagunaron ante la escena. Se enjugó los ojos y lentamente comenzó a elevarse en el aire, sin mayor esfuerzo que el que toma a la mayoría de los mortales caminar un par de pasos. Un tirón en su larga capa le hizo detenerse y volverse hacia los Kent. Los tres le observaban con curiosidad, especialmente Jonathan, que le sostenía de la capa y sonreía de una forma especial, con una expresión en sus ojos que le decían sin necesidad de palabras ociosas, lo orgulloso que se sentía. El hombre volador asintió con la cabeza y sin más, Jonathan lo dejó ir. Y mientras se alejaba, contempló al granjero abrazar fuertemente a su pequeño hijo.

En medio del maizal, Imra usaba troncos, rocas y cuanto objeto encontraba a su alcance para entorpecer los esfuerzos de Black Mace para acabar con su vida. Sus escudos de energía síquica podían contener una avalancha, pero de nada servían contra su mazo, adaptado específicamente para neutralizarlos. Finalmente, su persistencia fue premiada y Mace consiguió lo que un tirador llamaría un tiro limpio. Dejó caer su mazo con toda su fuerza sobre el cuerpo indefenso de la mujer. La fuerza del golpe produjo un estruendo tal, que podría decirse que pudo escucharse hasta Metrópolis.

Kenny Braverman era reprendido por su padre por su falta de colaboración en las labores de la granja, por su bajo rendimiento en los deportes, en el estudio o por cualquier razón que lo justificara. La misma rutina de cada día. Así que cuando aquel estruendo hizo que su atención se desviara, Kenny aprovechó para encerrarse en su cuarto. Se tiró en la cama y apagó la luz. En la soledad de su cuarto, para nada se preocupó por la causa de aquel sonido. Tan sólo se relajó con los destellos verdes que emanaban de su cuerpo y que aprendía a controlar de a poco cada día.

Pete Ross de nuevo se sobresaltó. Otro trueno y nada de nubes en el cielo. Esta vez no continuó con su lectura. Guardó sus historietas en el cajonero al lado de su cama y se metió bajo las cobijas. No le gustaba para nada el sonido de aquellos truenos.

El mazo se estrelló estrepitosamente contra pectorales que alguna vez soportaron el embiste de la criatura del Juicio Final. A pesar de la energía liberada al contacto y de lo estruendoso del impacto, ni el mazo ni el hombre volador sufrieron daño alguno. No podía decirse lo mismo de Black Mace. El mercenario seguía desconcertado por aquella inesperada aparición, cuando un puño de acero se estrelló en su rostro, arrojándolo a varios metros de distancia.

, preguntó mientras ayudaba a Imra a ponerse de pie.

, respondió ella telepáticamente.

De pronto, el hombre volador hizo una mueca de dolor y cayó al suelo en medio de convulsiones. Su fortaleza y valores eran tales, que su leyenda se extendía por planetas y siglos por venir. Había atravesado soles, sobrevivido a más de un encuentro directo con el tirano regente de Apokolips y salvado al mundo de infinitas crisis. Eso daba una dimensión de la clase de dolor que ahora le obligaba a doblegarse y que iba en aumento, conforme las conexiones atómicas de las moléculas que daban forma a su cuerpo comenzaban a fragmentarse.

, comentó con sarcasmo Black Mace, regresando de entre las sombras con su mazo electrificado.

Capítulo siguiente: Una voz de aliento
Capítulo anterior: El hombre volador

miércoles, 11 de julio de 2012

El niño que aprendió a volar - Capítulo 11

El hombre volador

Cuando el polvo se disipó, Black Mace no disimuló su decepción al no encontrar los cuerpos del niño y su padre. Miró a un lado y otro buscándolos pero aparte del terreno baldío alrededor y los maizales más allá del cráter del que era responsable, no vio ninguna otra forma de vida. De pronto, un zumbido en la diadema que usaba le hizo mirar hacia arriba. Allí descubrió la figura de una mujer que descendía del cielo nocturno. Imra aterrizó a una distancia prudente del mercenario.

, reparó con disgusto Black Mace. La mujer lo miró durante un momento confundida. .

, murmuró Imra, con voz apenas audible.

El viento frio golpeando a gran velocidad en su rostro reanimó al pequeño Clark. Lo último que recordaba era al gigante saltando sobre él y su padre y luego, nada. No entendía por qué se había desvanecido durante algunos segundos. No podía saber que era porque había sido movido a gran velocidad por una fuerza superior y que fue la brusquedad del movimiento sumado a la falta de oxigeno, la que le hizo desmayarse. Ahora despertaba desorientado y veía bajo sus pies los maizales pasar velozmente. Su mente infantil imaginó que estaba muerto y que su alma incorpórea volaba sobre los cultivos de Smallville de camino al cielo. Sin embargo, no se sentía muerto del todo pero algo si era cierto en toda esa fantasía, ¡volaba sobre las plantaciones de su familia! ¿Cómo era eso posible? Cada vez más despejado y despierto, sintió un fuerte brazo que lo sujetaba. Miró a su izquierda y vio a su padre todavía inconsciente, agarrado por la cintura de la misma forma que él. Trató de mover su cabeza para ver a quién pertenecían esos brazos, pero aquel brazo era macizo, fuerte y lo sujetaba de forma tal que su cabeza pudo subir sólo lo suficiente para que sus ojos se posaran en un escudo pentagonal que adornaba el pecho de aquel hombre volador. Su padre comenzó a reaccionar y al descubrirse volando por los aires, entró en pánico.

, dijo una voz que proyectaba autoridad y confianza. .

Efectivamente, frente a ellos o mejor, debajo, las luces de la casa se fueron haciendo cada vez mas grandes. Suavemente, aquel hombre aterrizó frente al porche de la entrada principal, donde Martha los observaba con la boca abierta. Con cuidado, dejó a cada uno en tierra.

, preguntó Jonathan alterado, histérico. Sus vidas habían sido amenazadas por un extraño y tenía derecho a saber por qué. Sujetó al hombre volador por la capa que llevaba cosida al cuello de su uniforme. Empinándose para quedar a su misma altura, demandó a gritos una explicación.

A varios metros de ellos, Imra ataca con descargas de energía síquica a Black Mace, pero él está preparado. Un comando en su mazo hace que en la cabeza del mismo crezcan púas cargadas de energía iónica con las que contrarresta las descargas síquicas. Mientras considera una estrategia diferente, Imra comienza a elevarse de nuevo usando la tecnología de vuelo oculta en su anillo de la Legón y ponerse así fuera del alcance de los golpes de Black Mace, quien reacciona arrojándole su mazo electrificado cuál si fuera un misil teledirigido. Imra lo subestima, confiada en poder contenerlo usando su telequinesis. Por desgracia, la energía iónica que lo alimenta crea un campo de energía a su alrededor que lo hace virtualmente inmune a su poder. El brutal impacto la arroja al suelo, dejándola atontada el tiempo suficiente para permitir a su adversario recuperar su arma y tomar posición junto a ella. Una vez más, el mercenario levanta su mazo, dispuesto a asestar un golpe mortal. Si no iba a llevarse el premio mayor, estaría más que satisfecho con este premio de consolación.

En la casa, tan repentinamente como saltó para sujetarlo, Jonathan soltó al hombre volador. La furia de hace un momento cedió cuando lo tuvo tan cerca que pudo verse reflejado en la pupila de sus ojos azules, mismos que, para su sorpresa, descubrió que conocía bastante bien. Fue entonces que su vista se nubló y sus rodillas se doblaron. El granjero sintió una punzada fuerte, dolorosa en su pecho y se desplomó. Finalmente, tal como venía anunciándoselo de a poco desde hace mucho y con particular intensidad en las últimas horas, tantas emociones fuertes hicieron mella en su enfermo corazón y este no pudo más.

Capítulo siguiente: Hombre caído
Capítulo anterior: A que te cojo ratón

miércoles, 4 de julio de 2012

El niño que aprendió a volar - Capítulo 10

A que te cojo ratón

La granja de los Kent contaba con tres parcelas plantadas con trigo, cuyas espigas ya se elevaban varios centímetros. En unas semanas más estarían listas y podrían prestar la cosechadora del viejo McCullogh para recogerlas. Como parte de su proyecto de diversificación, otras tres parcelas estaban cultivadas con maíz, de las que ya dos habían sido cosechadas, la tercera todavía no estaba a punto. Esta noche, Jonathan Kent se vio obligado a entrar en esa plantación.

Clark abrió los ojos y contempló el cielo estrellado de Kansas. No habían nubes, la Luna estaba a tres cuartos de creciente y todo estaba inmerso en un pacifico silencio. Podría tratarse de una experiencia relajante, de no ser por las costillas rotas y el sabor a sangre en la boca. Era una situación similar a lo vivido en la mañana, cuando fue pisoteado por el toro de Ben Hubbard aunque con una notoria diferencia: aunque el golpe que acababa de recibir había sido muchísimo más fuerte, el daño infligido era en comparación mucho menor. Y no sólo eso, su capacidad de recuperación era más rápida, tanto que para cuando se puso de pie, sus costillas ya habían sanado. Su cuerpo de niño estaba cambiando a una velocidad increíble y aunque le asustaba no saber en qué se estaba convirtiendo o por qué, tenía cosas más inmediatas de qué preocuparse, como del hombre que lo estaba buscando, moviendo su mazo a un lado y otro, abriéndose paso por entre las matas de maíz.

, gritó el hombre del mazo soltando una carcajada. Se divertía torturando a su potencial victima.

Clark se escabulló por entre las matas, aprovechando su baja estatura y la oscuridad para ocultarse. Trataba de hacerse camino a la casa, para huir con sus padres en la camioneta y buscar ayuda, pero cada que conseguía ponerse en ruta, su paso quedaba bloqueado. Black Mace estaba seguro que casi le había atrapado en un par de ocasiones, estaba teniendo problemas para encontrarlo y al poco rato, la situación dejó de parecerle divertida.

, masculló con rabia. Presionó uno de los botones ocultos en el mango del mazo y este se sobrecargó de energía. Lo levantó y seguido lo dejó caer con fuerza sobre el piso.

Pete Ross estaba en su casa leyendo algunas historietas luego de cenar, cuando escuchó un estruendo. Miró por la ventana pero no vio nubes, ni relámpagos ni nada que pudiera parecérsele. Se encogió de hombros y continuó leyendo.

Lana Lang sintió un ligero temblor sacudir la mesa cuando estaba levantando los cubiertos para llevárselos a su tía a la cocina. No escuchó el estruendo que se produjo en la lejanía porque el volumen del televisor lo enmascaró, pero tuvo la desagradable sensación de qué algo andaba mal.

En medio de la plantación de los Kent se despejó una considerable área, abriendo un cráter de baja profundidad. Hojas, mazorcas y tierra caían alrededor, sacudidas por el brutal impacto. Al borde del área limpiada, Clark se tambaleaba sin conseguir ponerse de pie, aturdido. Black Mace sonrió al verlo, estaba por completar el trabajo para el que fue reclutado, uno que por vez primera había decidido a realizar ad honorem. Después de todo, estaba por pasar a la historia o mejor aún, cambiarla por completo, al convertirse en el responsable de terminar con una leyenda antes que esta siquiera tuviera oportunidad de comenzar. El placer de ese pensamiento le resultaba tan dulce, que le hacía babear. Seguro y confiado, caminó en dirección al pequeño.

, amenazó Jonathan Kent, apuntando su rifle a la cabeza del gigante de negro. Agitado, estuvo a punto de desmayarse por la fuerza del impacto que limpió esa área, pero la imperiosa urgencia de salvar a su hijo pudo más.

Cuando Clark vio a Jonathan aparecer de la nada e interponerse en el camino de ese hombre peligroso, arriesgando su propia vida para protegerlo, cualquier duda que pudiera quedarle sobre la real naturaleza de sus sentimientos se desvaneció. Se puso de pie sujetándolo del pantalón y lo abrazó. En lo que a él respecta, en adelante y para todos los efectos, ese hombre era y siempre será su padre.

Black Mace no se dejó conmover por el momento. Tomó su mazo, lo recargó y se lanzó sobre padre e hijo. , se dijo.

Capítulo siguiente: El hombre volador
Capítulo anterior: Interludio en el mañana